La historia política del Frente Amplio ha estado íntimamente ligada con el movimiento sindical. Su estrecha relación con las jerarquías del Pit-Cnt lo hizo funcional a sus intereses y le permitió bombardear implacable, desde este flanco, a todos los gobiernos anteriores. Con Vázquez en la Presidencia, el Pit-Cnt abrió su paraguas e impidió que algunos grupos menores salpicaran o incomodaran su mandato. Pareció que con la ascensión de Mujica el panorama sería similar y hasta mayor, dado el alineamiento que el presidente mostraba en su sector, el MPP y en el Partido Comunista. Hubo, incluso, almuerzo en la estancia de Anchorena para coordinar estrategias que aseguraran un devenir sin sobresaltos, pero pocos meses después Caperucita se volvió el Lobo Feroz.
El nivel de agresividad de las movilizaciones sindicales, las tensiones que se generan dentro del movimiento, la lucha implacable por imponer reivindicaciones de un sector por encima de otro, la pulseada por el poder, han hecho de este Presupuesto un campo de batalla. Conscientes de que el país -por la coyuntura internacional o por lo que sea- se encuentra en un momento de cierta comodidad económica, desde distintos ámbitos de la actividad pública se han lanzado sobre el Tesoro del Estado a disputar a muerte hasta el último peso, sin mirar quien cae al costado y mucho menos sin mirar para adelante. Como si esta fuera la guerra del fin del mundo.
Allí está la Confederación de Funcionarios del Estado (COFE) que, para discutir sus reclamos, plantea un escenario de cortes de ruta, ocupaciones de los lugares de trabajo, paros, movilizaciones masivas y detenciones de actividad en los pasos de frontera por parte de Aduanas y de la barrera sanitaria del Ministerio de Ganadería, además de denuncias contra el gobierno en la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aclara -eso sí-, que apuesta al diálogo, pero que la única forma de alcanzar los 3 años de paz laboral que solicitó el gobierno a cambio de la partida por presentismo (o sea, que les pagan para que no falten), es que se cumpla con todos sus reclamos. Clarito.
¿Belicosidad por la anunciada reforma del Estado? En parte, puede ser. Pero más bien que ha surgido una nueva corriente sindical, por fuera de la ortodoxa del Pit-Cnt, con mayor carga ideológica y posiciones más radicales. El Pit-Cnt está demasiado identificado con la línea del gobierno y, en términos generales, el oficialismo no genera réditos sino resistencias.
Un capítulo de este enfrentamiento se registró días atrás en Salto, donde un grupo de ex empleados de una filial del ex Banco de Crédito (Riloman) ocupó la sede de AEBU. Desde Montevideo partió una delegación del PIT para convencerlos que desalojaran, y otra de la línea radical para manifestarles su respaldo. Allí pasó de todo, hasta escenas de pugilato entre ambos sectores. La sede en disputa continúa ocupada y los representantes del Pit-Cnt, con su coordinador Juan Castillo a la cabeza, se volvieron con las manos vacías.
Ahora fue en la propia Mesa Representativa del Pit-Cnt donde ambos grupos -de manera más civilizada- volvieron a enfrentarse. Los estatales (COFE) impulsando un paro general; la línea tradicional (ahora llamada "moderada"), en la negativa. Sabedor que perdería en la votación, el coordinador del Pit-Cnt se retiró antes. Y el resultado fue el que preveía, con el Partido Comunista -baquiano en estas lides- votando dividido se aprobó un paro general para el 6 de octubre y movilizaciones (paritos) preparatorias.
Esto ocurre bajo la presidencia de José Mujica, ex guerrillero que accedió al cargo en ancas de una muy fuerte votación, con el respaldo abierto de las organizaciones sindicales. En los papeles, el Presidente ideal para lidiar con estos problemas, muy por encima de un Astori o Lacalle. ¿Cuál hubiera sido el escenario si alguno de estos últimos accedía a la Presidencia? Más vale ni pensarlo. Lo cierto es que a la izquierda le ha surgido otra izquierda, más radical e intransigente, que se niega a transitar por el camino que va el mundo y mira con nostalgia un pasado que cayó estrepitosamente con el muro de Berlín.
Ni siquiera escuchan a Fidel Castro cuando reconoce que "el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros".