VENECIA | La historia reciente de España ya nunca será lo mismo desde que el desenfadado director español Alex de la Iglesia se ha ocupado de ella. Eso es lo que han pensado, por lo menos, algunos de los espectadores de Balada triste de trompeta, el más reciente film del director de El día de la bestia y La comunidad, que se presentó ayer en el festival de Venecia. Es también la única película española que compite por el León de Oro.
La acción arranca en España en 1937, en plena guerra civil, y construye una metáfora sobre la situación bélica a través de la historia de dos payasos desfigurados que se enfrentan a muerte por el amor de una acróbata. La historia se extiende hasta la década del setenta, es decir hasta la agonía del franquismo, manteniendo como telón de fondo ese universo de circo poblado de elefantes, enanos y payasos transformados en monstruos.
"Es una historia de amor, de amor salvaje, de horror y humor", afirmó el director, agregando que se trataba de "la película más arriesgada que he realizado y de la que estoy más orgulloso". Con un estilo bizarro que combina el drama y el humor negro, la ficción y elementos documentales, la película incluye referencias al asesinato del presidente de gobierno Luis Carrero Blanco en 1973, las baladas cantadas por Raphael y los inicios de los programas televisivos de variedades.
También tiene un trasfondo histórico Noi credevamo, film italiano dirigido por Mario Martone que adapta un libro de Anna Banti para conmemorar los ciento cincuenta años de la unificación de Italia. Dividido en cuatro capítulos que se extienden desde 1828 a 1862, el film cuenta la historia de tres amigos que actúan clandestinamente en los diversos reinos en los que se encontraba dividida entonces la península, con escapadas a París y Londres.
La película describe las rencillas internas de los distintos grupos revolucionarios, en un relato extenso y ambicioso en el que asoman varios rostros de primera línea del actual cine italiano (Luigi Lo Cascio, Toni Servillo, Luca Zingaretti, Michele Riondino), con música de ópera (especialmente Bellini, Rossini y Verdi) acompañando la acción desde la banda sonora.
Otro film a concurso que llamó la atención fue Attenberg, segundo largometraje de la griega Athina Rachel Tsangari, que cuenta la relación que se establece entre una joven de 23 años y su padre que padece un cáncer terminal. Mayoritariamente dramática, la película incorpora empero algún "alivio cómico" y una línea anecdótica secundaria sobre la iniciación sexual de la protagonista.
(BASADO EN agencias)