Las Fuerzas Armadas se entusiasmaron con los primeros pasos del gobierno. Creyeron que, efectivamente, iban a ser tenidos en cuenta como actores principales del Uruguay de primera.
Sin embargo, el revanchismo de esta administración muestra, de hecho, adherir a la posición, que aboga por liquidar a las instituciones militares en todo el continente.
La realidad es que, con inteligencia, rápidamente se hizo explotar la bomba de la corrupción de la Armada, lo que naturalmente perjudicó a la imagen militar en toda la sociedad. Luego, llegado el momento presupuestal, el gobierno asfixia a las Fuerzas Armadas y se privilegia, por lejos, a los policías.
En el gobierno conocen bien lo que cantaba Zitarrosa: "los milicos no son bobos aunque sirvan para todo".