Hallan claves que pueden predisponer a la violencia

Comportamiento Cerebros de agresivos comparten características físicas y alteraciones de funcionamiento La carga genética tiene una influencia similar a una infancia con estrés sostenido

 20100903 800x557

DÉBORAH FRIEDMANN

Jack El Destripador puede continuar siendo un misterio pero ahora se sabe que probablemente su cerebro tuviera peculiaridades. Estudios revelan que hay predisposición genética a las conductas violentas pero también pesa lo socioambiental.

Federico Dajas, médico psiquiatra y jefe del Departamento de Neuroquímica del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, estudió evidencias sobre el componente genético, el rol de los neurotransmisores y cambios en la estructura cerebral de los comportamientos agresivos y violentos. Las plasmó en el artículo El cerebro violento. Sobre la psicobiología de la violencia y los comportamientos agresivos, publicado en la última edición de la Revista de Psiquiatría del Uruguay.

Un objetivo que se planteó Dajas fue analizar si hay componentes genéticos que predisponen a la violencia. "Y eso está demostrado", afirmó a El País.

Algunos estudios indican que 10% de las familias están involucradas en 50% de los actos de violencia en una misma comunidad. Sin embargo, ello puede interpretarse como un "gran peso de lo genético", pero también atribuirse a que es debido a la transmisión de conductas antisociales en esos grupos familiares, indicó Dajas.

Otra investigación provee de más respuestas a los científicos. La psiquiatra Terrie Moffitt analizó cien estudios de mellizos o gemelos que crecieron en ambientes diferentes. De quienes desarrollaron actos violentos, 50% tenían antecedentes familiares. "Lo que se dieron cuenta es que lo genético no daba cuenta de todo, sino que lo ambiental tiene un componente de al menos 30% y que puede llegar al 50%", señaló.

Incluso, un estrés ambiental permanente durante la infancia-por ejemplo haber sido víctima sostenida de violencia o tener varias necesidades básicas instatisfechas-genera el mismo efecto que lo genético y predispone a la agresividad.

"Un estrés psicosocial crónico infantil o adolescente puede generar cambios plásticos receptoriales permanentes y en el mismo sentido que genera la predisposición genética a la violencia y ambas circunstancias se pueden potenciar recíprocamente", sostuvo el psiquiatra.

De todos modos, aclaró que lo que se produce es "simplemente" una predisposición a desarrollar actos violentos y que eso no implica que se concreten. "Nada es obligatorio. No es que con este cerebro va a pasar tal cosa", remarcó.

La predisposición se expresa en cambios químicos, por ejemplo, aumento de la actividad de la amígdala cerebral, clave en la reacción que puede tener una persona. En ese sentido, científicos le mostraron imágenes violentas a personas agresivas y a otras que no lo son. Y comprobaron una mayor actividad de la amígdala en el primer grupo.

funcionamiento. La carga genética en relación con la agresividad se expresa a través de los neurotransmisores. La serotonina es el que más se ha relacionado con la violencia.

A principio de la década de los 80 un grupo de investigación del Instituto Karolinska, en Estocolmo, estudió la psicobiología del suicidio y concluyó que quienes se habían autoeliminado tenían disminuida la concentración de serotonina en el líquido cefalorraquídeo. Proporcionaron así una "fuerte evidencia" para la hipótesis de que las conductas violentas se producen con un metabolismo reducido de serotonina. "Se demostró luego que individuos encarcelados por agresiones violentas, por ejemplo, mostraban el mismo cambio metabólico", explicó Dajas en el artículo. Ese tipo de pruebas también se efectuaron en Uruguay. Las conclusiones fueron similares. Incluso, cuanto más violenta era la autoagresión menor era el nivel de serotonina, indicó el especialista.

La serotonina se relaciona también con, por ejemplo, la depresión. Y si bien para combatir esa patología se suelen recetar medicamentos que incrementan la serotonina, con la violencia la situación no es lineal. "Si bien la serotonina se relaciona con la agresividad, si usted le da medicación para aumentar el nivel, no es que a un violento lo transforme en pacífico. Es más complejo", precisó Dajas. Hasta ahora se han probado numerosos fármacos para frenar los comportamientos violentos pero "nada es absolutamente efectivo", aclaró.

ÁREAS. La imagenología moderna, especialmente la resonancia magnética y los estudios con emisión de positrones (PET), permitió ubicar áreas prefrontales involucradas en la violencia.

Una reciente investigación analizó más de 43 trabajos de imagenología que incluían 789 personas antisociales o psicóticos con un claro componente agresivo. Otros trabajos también investigaron el tema. "Numerosos estudios confirman la importancia de una disminución de la estructura y función de las regiones prefrontales anterolaterales y obitofrontales del cerebro en los comportamientos agresivos en individuos considerados como antisociales y psicopáticos con un marcado componente agresivo", afirmó Dajas.

De todos modos, el especialista aclaró que aunque la violencia y la agresión se correlacionan con la disminución de la función prefrontal, la pérdida de ella por sí misma no la genera. Para que eso suceda es necesario la alteración de circuitos que incluyen también otras áreas cerebrales.

Con el trabajo Dajas pretende dar bases para que ante componentes ambientales o genéticos los especialistas puedan efectuar una "intervención global" y temprana. "Se puede ser optimista si ponemos recursos en ello", concluyó el especialista.

La cifra

1:5 De personas mueren por año en el mundo por violencia o suicidio, según la OMS.

Logran identificar lo que hace huir o quedarse paralizado al sentir miedo

Al sentir miedo una persona puede tener reacciones diversas como huir, quedarse paralizada o luchar. Todo ese proceso se desarrolla en una zona específica del cerebro, según una investigación del Laboratorio Europeo de Biología Molecular y la empresa GlasoSmithKline difundida por "El País" de Madrid.

Además, los investigadores lograron delimitar esa área en ratones y concluyeron que la decisión de si quedarse paralizado o no es una tarea cerebral más compleja de lo que se creía hasta ahora.

Los científicos combinaron técnicas farmacéuticas y genéticas con resonancia magnética y lograron controlar la actividad de células específicas en ratones que experimentaban miedo.

Los ratones eran genéticamente modificados. En la investigación los científicos apagaron una clase de neuronas que se suponían se relacionan con el miedo. Para poder medir esta emoción los entrenaron para asociar un sonido con un estímulo desagradable, que los paralizaba.

"Cuando inhibimos esas neuronas, no me sorprendió ver que los ratones ya no quedaban paralizados, porque eso es lo que hace la amígdala. Pero nos sorprendimos mucho cuando hicieron otras cosas indicativas de que calibraban el riesgo", dijo Cornelius Gross, director del trabajo.

Circuito cerebral influye en la moral

El juicio moral está vinculado a circuitos cerebrales. Así lo demostró un equipo de científicos argentinos en un trabajo que publica Social Neuroscience. Los investigadores señalaron a "La Nación" que entre algunas personas con demencia frontotemporal (DFT), un trastorno neurodegenerativo que se manifiesta en alteraciones de la conducta, había respuestas afirmativas para el caso supuesto de empujar a un individuo a las vías del tren si eso significaba salvar la vida de otras cinco.

El trabajo de los investigadores logra explicar porqué unas personas con DFT empujarían al individuo y otros no, pero además identifica circuitos cerebrales que inciden en el juicio moral en personas sanas. Los resultados para las personas con DFT precoz y evidencias de atrofia frontal demostraron diferencias en la capacidad de inferir sentimientos del otro.

Cuando la decisión es impersonal, no inflige daño de manera directa y es racional, el procesamiento tiene que ver con la corteza cerebral dorsolateral. Pero cuando se hace daño personalmente, "hay una activación ventromedial, el área que muy tempranamente se deteriora" en los pacientes que estudiaron.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar