Trama de poder y corrupción

ALFONSO LESSA

La sucesión de denuncias, investigaciones y procesamientos en la Armada, va dejando al descubierto una impactante trama en la que el delito se cruza con evidentes signos de una descarnada pugna interna por espacios de poder.

Para muchos viejos marinos que han hecho culto del honor -un elemento central del discurso militar- así como para muchos jóvenes que integran la fuerza, la situación se ha transformado en una verdadera pesadilla.

La Marina de guerra ha pasado a encabezar un día sí y otro también las noticias de todos los medios y por temas por completo ajenos a la naturaleza de su tarea: compras inexistentes de mucho valor, dineros de las misiones de paz, vales de nafta, venta de tarjetas telefónicas y hasta la adquisición de las lanchas para Haití, se encuentran en entredicho. Los hechos, como si fuera poco, generaron la caída del comandante en jefe de la fuerza, Óscar Debali.

Con el trasfondo de la elección del próximo comandante en jefe en seis meses, son demasiados los que se miran de reojo en la propia Armada. El daño, según coinciden marinos, jerarcas de gobierno y dirigentes de todos los partidos, es muy grande.

Y como no puede ocurrir de otro modo, este escándalo tiene indudables repercusiones políticas. Para el gobierno es más que un hierro caliente, pero al mismo tiempo se constituye en una oportunidad para demostrar que no busca ocultar las cosas. El ministro Luis Rosadilla se muestra firme en su idea de ir a fondo y recibió el respaldo explícito del presidente Mujica.

La oposición apoya de manera clara las investigaciones, pero habrá que ver qué ocurre con las responsabilidades políticas que puedan existir. Eventualmente, ese puede ser el punto de quiebre entre el oficialismo y la oposición.

Rosadilla no se muestra en lo más mínimo asombrado por lo que ocurre, visión diferente a la expresada el viernes por el encargado de despacho del comandante, el contralmirante Viglietti, quien dijo que los hechos de corrupción además de "dolor" le generaron "sorpresa". Viglietti prometió el castigo a los culpables e incluso dijo que los mandos deben hacerse responsables de su cuota parte.

La falta de sorpresa de un ministro que hace años se está informando del tema militar y las denuncias y comentarios, demuestran que la corrupción en la Marina no es un fenómeno nuevo y, por lo tanto, debía ser conocida por no poca gente.

La trama también necesariamente incluye a civiles, empresarios cuyos nombres se repiten respecto a denuncias del pasado.

El camino de salida no resultará fácil, pero pasa por el esclarecimiento de las denuncias y la determinación clara de responsabilidades militares -con la consiguiente depuración de filas- y también de las que correspondan en el terreno político.

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