BOGOTÁ | THE NEW YORK TIMES
Y AFP
La reanudación de las relaciones entre Colombia y Venezuela, que fue saludada ayer por países de todo el mundo, debería reactivar una simbiótica relación comercial cuyo deterioro castigó a los cinco millones de habitantes de la frontera.
La reconciliación entre Colombia y Venezuela no es sólo un paso diplomático sino también cuestión de dinero, a la altura de su interdependencia económica. En efecto, los dos vecinos son el segundo socio comercial uno para el otro. Hasta 2009, Colombia era el segundo proveedor de Venezuela, después de Estados Unidos, y controlaba el 13,5% de las importaciones a Caracas.
Esos intercambios, en gran medida favorables a Bogotá, fueron bruscamente afectados por la decisión del presidente venezolano, Hugo Chávez, anunciada el 28 de julio de 2009, de suspender el comercio bilateral, como protesta contra el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos.
Asimismo, Venezuela había decidido no renovar un acuerdo petrolero para la entrega de carburante a Colombia a tarifas preferenciales: a 40% del precio del mercado. Al término de este arreglo, que se dirigía a reducir el contrabando, dos departamentos fronterizos colombianos recibían 17 millones de litros de gasolina al mes.
En total, en 2008 los intercambios se elevaron a 7,200 millones de dólares, de los cuales 6,000 correspondieron a las exportaciones colombianas. Pero para 2009, el flujo se redujo a 2,000 millones de dólares y en 2010 todavía habría de reducirse a la mitad.
Esta es una importante pérdida de ingresos para Colombia, que de entrada denunció lo que consideró un "bloqueo comercial ilegal e injusto", equivalente, según ella, al impuesto a Cuba. Bogotá le vendía a Caracas casi la totalidad de sus exportaciones de carne y de cuero, pero también productos industrializados: automóviles, textiles y equipo electrónico.
Las cuatro quintas partes de ese comercio transitaban por la ruta de montaña, que une a Colombia con San Cristóbal, capital del estado venezolano de Táchira. La frontera sigue abierta pero gran parte de los 30.000 colombianos que la cruzaban cada día decidieron dejar de hacerlo, por temor a que la guardia nacional venezolana les confisque sus mercancías. El transporte por carretera también se ha reducido.
Colombia calcula en 750.000 el número de empleos perdidos por la suspensión del comercio en los sectores del transporte y de la agricultura. Y evalúa que la caída de sus exportaciones a Venezuela le costará en 2010 por lo menos 0.5% de su producto interno bruto.
Para reemplazar a Colombia, Hugo Chávez se dirigió a Argentina, con la que rápidamente firmó acuerdos comerciales sobre todo para la importación de medicamentos, de arroz, de dos millones de pares de calzado y de 10.000 automóviles anuales que antes le compraba a su vecino colombiano. Brasil también amplió su parte de intercambios con Venezuela. Bogotá, por su parte, criticó la "falta de solidaridad" de esos países.
El acercamiento entre Bogotá y Caracas no implicará el rápido regreso del intercambio comercial a su nivel anterior, debido a la grave crisis económica y financiera en que se debate el régimen de Hugo Chávez: recesión persistente (-3%), hundimiento de los ingresos petroleros, inflación superior al 30%, falta de divisas, escasez de alimentos, restricciones en el abasto de energía. Pero sea como fuera, no es posible imaginar una reconciliación política sin la normalización de las relaciones comerciales.
La canciller colombiana María Ángela Holguín, anunció ayer que el 20 de agosto se reunirá en Caracas con su par de Venezuela, Nicolás Maduro, para avanzar en la conformación de las comisiones acordadas entre los mandatarios para avanzar en temas de integración económica y seguridad y destacó la necesidad del pago de 800 millones de dólares que Venezuela adeuda a empresarios colombianos.
Holguín además ratificó la designación de José Fernando Bautista como nuevo embajador de Colombia en Caracas, algo que ya había anunciado Santos el martes.
Al margen de los aspectos económicos que involucran a los dos países, la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, las delegaciones de UE, Brasil, Paraguay y el gobierno de Ecuador, que ejerce la presidencia de Unasur, saludaron entre otros la reanudación del vínculo entre Venezuela y Colombia por la importancia que tiene para la región.