Va la vida

Llego a casa. Antes de entrar el auto al garaje miro para todos lados. No quiero sorpresas. A Bernabé, mi vecino, le robaron 700 pesos la semana pasada cuando salía de su casa para el almacén. Lo estaban esperando. No importaron sus canas. Lo tiraron al piso y lo dejaron lleno de moretones.

Cuando entro encuentro a uno de mis nietos, adolescente, en medio de una crisis nerviosa. No es para menos. Venía para casa y dos lacras le cortaron el paso. Uno se abrió la campera y le mostró un arma. "No tenemos nada que perder", balbuceó. Mi nieto hizo lo que sus padres le enseñaron y entregó un celular recién comprado y 20 pesos, todo lo que llevaba.

Con 15 años es la tercera vez que lo roban en tres años. "No pasa nada abuelo, ahora es así", me dice. A uno de sus hermanos le robaron dos veces en un año.

Le acaricio el pelo. Me duele que a su edad tenga que pasar por estos barullos. Pero a la vez me pregunto cuánto más le quedará por ver en su vida. Porque a uno de sus primos, de apenas once años, ya le robaron la bicicleta a la vuelta de su casa. Porque a sus amigos les han robado no sólo los celulares, sino camperas, championes, raquetas y hasta la merienda. Porque a su madre, hace poco más de un año, la tiraron en la calle a la salida de la peluquería y le robaron la cartera a las doce del día.

Con su abuela lo tranquilizamos. Tratamos de cobijarle. Pero empieza el informativo y nuestras buenas intenciones se van al tacho. En un canal habla un comerciante al que robaron no sé cuantas veces en una misma semana. Cuando cambio, para no mortificarlo, en el otro están informando que ahora hay, como en Argentina, secuestros exprés. Que te agarran, te hacen sacar plata del cajero, o te llevan a tu casa y te exigen dinero mientras amenazan a tu familia, a tus hijos, a lo que más querés.

Y entonces entiendo, por fin, por qué pasamos tanto tiempo siguiendo paso a la paso la pobre vida del millonario Ricardo Fort. O mirando Intrusos. O consumiendo novelas argentinas, venezolanas, chilenas o colombianas. Está claro. Mientras nos distraemos no pensamos en lo que nos está pasando. Y esa evasión nos permite vivir con la ilusión de que todo ha sido un mal sueño. Y que mañana será otro día.

¿Pero qué día será mañana? ¿Me asaltarán y me romperán la cadera cuando saque el auto de casa? ¿Secuestrarán a mis nietos al regreso del colegio o de algún baile? ¿Me coparán la casa? ¿Me matarán a alguno de mis seres queridos por un celular y 20 pesos?

¿Habrá alguien que no esté interesado en Ricardo Fort y sus novios, ni en Tinelli y sus novias, ni en la Mole Moli, ni en Pachano, ni en Susana Giménez, ni en Maradona, que se esté ocupando realmente de lo que está pasando allá afuera y tenga un plan para encarar este problema?

¿Habrá alguien que, a riesgo de quedar antipático y de perder cinco votos, haga lo que haya que hacer para que las personas de bien podamos salir a la calle sin miedo, de nuevo, como antes?

¿Habrá alguien que se haya dado cuenta que en esto nos va a todos, literalmente, la vida?

elpepepregunton@gmail.com

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