ALEXANDER LALUZ
En la proximidad extrema se huele, se toca, hasta alcanzar la incomodidad o el placer, incluso bajo el rigor del control visual y carcelario. Hasta ahí llega Proxi, una performance, luego una instalación, para ver por el ojo severo de una celda, en el EAC.
Se trata del nuevo proyecto de dos jóvenes artistas, Paula Giuria y Ezequiel Steinman, que fue seleccionado el año pasado para conformar la primer temporada de muestras en el flamante Espacio de Arte Contemporáneo del Mec (Arenal Grande 1930 esquina Miguelete), que se extiende desde el pasado 27 de julio hasta el 19 de septiembre.
Se trata también de una reapropiación creativa de un espacio cargado de significados, historias: la ex cárcel de Miguelete. Una construcción de fines del siglo XIX, cuya estructura sigue el modelo del panóptico, y muy similar a otras cárceles europeas (como la de Pentonville, en Inglaterra), donde quedan completamente disociadas la posibilidad de mirar y ser vigilados. Lo primero, confinado a un horizonte visual restringido, el del presidiario. Lo segundo, al máximo control, la visión total, el ejercicio de la autoridad.
Hoy, ese espacio, o al menos parte de él, se ha reciclado como un espacio oficial, ministerial, dedicado al arte contemporáneo. Allí, en los pasillos, las celdas, Paula y Ezequiel, que tienen ya varias experiencias en la danza contemporánea y en la integración de disciplinas artísticas, encontraron el estímulo para reflexionar, investigar e interrogar desde el arte a la proximidad. "Nos surgió la idea a partir de que nace esta convocatoria para este espacio, el año pasado. Entonces vinimos a ver el lugar, y cuando tomamos contacto con sus características, el propio lugar nos impulsó a este proyecto", cuenta Paula.
De ahí en más, la investigación y la creación se orientaron hacia la propuesta de algo diferente a una obra de arte acabada, cerrada, con márgenes de significación "controlables". "Fue plantearse un trabajo de forma diferente, donde uno no se propone hacer una obra para ser vista, con determinada dramaturgia, un comienzo, desarrollo, final, donde el público entra todo junto, se va también junto". El arte explorando sus límites históricos, rompiendo con los marcos de "lo bello" para incidir en la reflexión de otras tópicos sociales, culturales, como en este caso, la convivencia extrema, la provocación a los sentidos que usualmente se marginan (tacto, olfato).
Proxi, explica Ezequiel, "se compone de dos instancias. La primera, que se realizó el sábado 31 de julio, a las 18:30, que fue una performance participativa de unas tres horas en la que participaron 36 personas, en esta celda (ahora Espacio 3 del EAC), que tiene 9 metros cuadrado, y fue registrada en audio y video. Ahora, el 20 de agosto y el 10 de septiembre haremos dos más". Con esos registros, realizados con cuatro cámaras web dispuestas en distintos sectores del diminuto espacio y varios micrófonos, se elaboró un video que se exhibe ahí mismo, a través del también pequeño orificio de vigilancia de la puerta de esta ex celda, desde el pasado 4 de agosto. Las imágenes, relatan los artistas, reúnen (sin edición alguna, aclaran) las experiencias vividas por los 36 participantes de esta performance en "proximidad extrema", donde los roces, movimientos mínimos, temperaturas, vapores, y sobre todo olores, fueron las notas dominantes de esa convivencia construida, apretada: la excepción en una sociedad donde los contactos físicos tienden a mediarse, a distanciarse casi al extremo.