R.M.
En Santín Carlos Rossi la situación edilicia es calamitosa. El director, Osvaldo Do Campo, lo reconoce pero asegura que hizo todo lo que pudo.
La enfermería tiene el techo negro de humedad, las paredes están rajadas y hay algunas goteras cerca de la entrada. Pero todos los internados están limpios, abrigados y calzados.
El director sabe cómo se llaman, qué necesitan, cuántos años tienen y de dónde viene cada uno de los internos. Cuando sale al patio le gritan "papá", se toman fotos con él y hasta le piden autógrafos.
Los perros son un gran problema en las dos colonias. Hay cientos de perros e incluso una interna tiene decenas encerrados en una sala de un pabellón.
"No te llevo a verlo porque si tratamos de entrar nos comen los perros", explicó Do Campo. En lo que va del año el responsable hizo 52 denuncias por mordeduras de perros, pero aun así no logró que le solucionen el problema. "Los perros prefieren a los rengos", cuenta. En las colonias casi todos caminan así.
Uno de los fenómenos nuevos que se está dando es el carcelario, cuenta Do Campo acompañado por Macarena, adjunta a la dirección, y pareja del psiquiatra jefe.
"La nueva modalidad de paciente que está ingresando son los `planchas` que se volvieron locos. Estamos internando malandras, no son los viejos psicóticos, son pichis y malandras locos, que son malos bichos", explicó.
Hace cinco años atrás, cuando la actual dirección llegó, detectó que las patologías tiroideas iban en aumento. Investigaron y encontraron al responsable: un proveedor que vendía carne con restos glandulares y de intestinos. "Lo suspendimos, pero no sabés lo que nos costó...", recuerda Do Campo.
En lo que va del año se hicieron más de siete denuncias por consumo de drogas y alcohol. "El señor del boliche de enfrente les vende y hasta les cambia alcohol y drogas por ropa", cuenta. El consumo más habitual es marihuana y pasta base, aunque hay algunos que llegan a conseguir cocaína y vino.
La última semana dos pacientes de Etchepare se presentaron en el despacho del director con droga y le indicaron quién y cómo la había conseguido. Do Campo les agradeció y ordenó su traslado. "Si se acuestan a dormir los agarran y los cuelgan; los tuve que llevar a Santín", dijo. "Los mismos niveles de consumo de vino y droga que hay en Santa Lucía son los que hay acá. Y lo mismo pasa con el sexo", agregó.
El director no niega el sexo ni la homosexualidad. "¿Cuál es el problema?", pregunta. "Vamos a dejarnos de joder, les damos preservativos gratis para todos y listo".
espejos. Durante 95 años no hubo espejos en las colonias. Los pacientes no podían elegir la ropa que se ponían ni comer fuera de hora. Ahora hay una feria quincenal interna en la que ellos eligen la ropa que más les gusta.
Blanca no está loca. Hace unos ocho años la policía llegó a su casa, la rodearon, ataron y la llevaron a un hospital donde estuvo un año con la panza abierta. Un día despertó en Santín Carlos Rossi. Por suerte allí conoció a Carmen.
Blanca y Carmen son amigas y compañeras del pabellón femenino de la colonia Santín Carlos Rossi. Están muy juntas y se llevan bastante bien, aunque han tenido algunas diferencias.
Carmen asegura que es psicoterapeuta y que terminó internada en el manicomio por error, como Blanca.
Ella llamó al médico por un dolor de espalda cuando vivía en el piso seis del Palacio Salvo, en un apartamento que compró con lo que ahorró luego de 20 años de trabajo en Brasil, cuenta.
Otro interno, José, se había fugado y regresó al día siguiente con una bombilla en el estómago. Será su tercera operación por lo mismo este año.
La comisión honoraria de obras, la que hizo poner los espejos y logró que Blanca conociera a Carmen (su propio reflejo), ya habilitó dos pabellones nuevos y espera que en marzo el 70% de los internos pueda pasar al "Sheraton", como ellos llaman a la parte renovada, que convive con el histórico hábitat de los locos uruguayos.