La autocrítica

SEBASTIÁN DA SILVA

Finalmente el análisis del desempeño político electoral del Partido Nacional tiene fecha de inicio. El Directorio definió que el próximo 21 de agosto comienza esta saludable tarea. Reiteramos que esta es una ocasión para mirar hacia delante y no para pasar facturas personales y que estratégicamente debemos los nacionalistas hincarle el diente a la lógica urbana que se da en Montevideo y el cinturón capitalino. Es donde se ven las peores desigualdades de nuestra sociedad y donde los índices de violencia en sentido genérico prenden las luces rojas de las estadísticas.

El folklore y la mística blancos son muy lindos, pero no bastan para ganar elecciones. Hay que zambullirse en el asfalto, entender, interpretar y proponer mejoras y soluciones en los distritos que mayor cantidad de votos aportan al resultado electoral. Para eso hacemos política, solo gobernando podremos imprimir el ritmo que el Uruguay necesita para estar a la velocidad del siglo 21 y para ello hay que indefectible volver a triunfar.

Pero, hay más. Los blancos somos especialistas en elecciones internas. Nuestra propia idiosincrasia competitiva nos motiva y un año y pico antes de las elecciones pululan agrupaciones, candidatos, y movimientos a lo largo y ancho del país y del Partido. Esta algarabía contrasta con el oficialismo; los frentistas poca bolilla les dan a las internas, tienen otros mecanismos de elección y el potencial proselitista explota cuando compiten con "la derecha". Los blancos disfrutamos cuando nos medimos entre nosotros, y por la eliminación de la acumulación por sublemas esta competencia casi desaparece en las elecciones nacionales. Dentro de cada sector se ordenan los candidatos a diputados de acuerdo al resultado de las internas y como un embudo se vota una lista troncal al Senado. Cada sector un Senado, y una lista a diputados por departamento, de forma de no perder innecesariamente la banca con el otro sector.

Resultado, los que vienen atrás no tienen el entusiasmo, la potencia, la capacidad de movilizarse y en muchos casos se resignan a "hacer los deberes" solo para cumplir con el compromiso partidario.

En el Frente pasa todo lo contrario, hay 10 listas al Senado, y por tanto 10 candidatos a diputado. Amplían el rastrillo electoral en el momento que cada voto define el presidente, rematando el proceso electoral a todo vapor.

¿Qué pasaría si acordamos hacer algo parecido, armar las líneas nacionales de acuerdo a la realidad partidaria y sus liderazgos, pero acordar de forma inteligente, que no existan estas agrupaciones grandes u "oficiales" que por una cuestión de sentido común logran sin quererlo disminuir la intensidad y potencia que muestra el Partido Nacional en sus elecciones internas?

Más agrupaciones, son más gente movilizada, más dirigentes ilusionados en alcanzar un escaño parlamentario, y más militantes motivados en mantener las hegemonías departamentales.

Este tipo de decisiones no definen la presidencia, pero ayudan. Recordemos que el gobierno alcanzó la mayoría parlamentaria por un puñado de votos y que un balotaje sin el 50% de las bancas hubiera permitido un final más abierto.

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