El presidente Barack Obama anunció que los Estados Unidos reducirán sus efectivos en Irak a 50.000 hombres y que estas tropas dejarán de participar en operaciones activas para concentrarse en la supervisión y el entrenamiento de las fuerzas de seguridad de Irak. Obama declaró que así cerraba un capítulo y cumplía con una promesa realizada durante su campaña electoral.
La guerra de Irak continúa siendo objeto de controversia. Las investigaciones realizadas después de la guerra no encontraron las armas de destrucción masiva cuya existencia había sido invocada por Estados Unidos y sus aliados como excusa para atacar a Irak. Tampoco se halló evidencia de que hubiesen existido vínculos entre el dictador Saddam Hussein y Al Qaeda. Se ha comprobado que Estados Unidos y sus aliados no tenían pensada una estrategia para reconstruir Irak después de la derrota de Hussein. El conflicto aumentó la popularidad de los extremistas en muchos lugares del mundo islámico. Y, finalmente, las operaciones en Irak distrajeron fuerzas del verdadero problema: Afganistán.
La mayor parte del costo de esos errores es soportado por los iraquíes. Los niveles de violencia continúan siendo muy altos. Hoy existe una discusión entre el gobierno de Irak y el de Estados Unidos, acerca de la cantidad de muertes violentas producidas en el mes de julio. El primero dice que murieron 535 iraquíes, el Pentágono estima que fueron 222. De cualquier forma parece una cantidad importante luego de siete años de "normalización".
Puede ser que, como sostuvo el presidente norteamericano, la anunciada retirada de personal militar sea el final de un capítulo.
Pero ciertamente no será el final de esta historia.