Parece un exasperante goteo. Así es como va liberando disidentes el gobierno comunista cubano. Al mismo tiempo, como si lanzara migajas, ha ido concediendo la ampliación de pequeños negocios particulares y la posibilidad de contratar alguna mano de obra privada.
Pero, atención: nada de esto significa que el régimen quieran dejar de lado el modelo comunista para entrar en una economía tipo capitalista. Tampoco que estén desmantelando leyes que tratan como delincuentes a quienes disienten o se atreven a informar sobre la verdadera vida cubana.
El presidente Raúl Castro dijo que se hacía la ampliación del trabajo por cuenta propia, pero que no se podía hablar de reformas sino de "actualización del modelo económico cubano". Y en lo relativo a los liberados, vale la pena señalar que su circunstancia no le impedirá al gobierno efectuar nuevos arrestos ya que ninguna norma que sirva de instrumento para mandar a la cárcel a los opositores, ha sido derogada o ni siquiera suspendida.
¿Qué está haciendo entonces la tiranía de los Castro? Simplemente gana tiempo para tratar de reacomodarse en su trono. Quiere que los observadores exteriores crean que están ante el inicio de un cambio económico profundo, cuando en realidad, tozudamente, el comunismo intenta reafirmarse. Quiere, mediante las liberaciones, que las democracias crean que ha llegado la hora de ser más tolerantes con su régimen.
Sin embargo, aún así, el sistema se tambalea más de lo que querrían los Castro y sus secuaces. Un régimen como el de Cuba sólo se puede mantener sin concesiones. Como ocurrió con el viejo imperio soviético: una vez que empezó a ceder, no pudo frenar su derrumbamiento total.