NUEVA YORK | NEWSWEEK
Su gran meta es ingresar a la Unión Europea. Por ello, cambia su Constitución e instituciones a la imagen de Europa. Mientras no lo logra, por trabas que le ponen países como Alemania y Francia, afianza su poder político y económico en Medio Oriente y más allá.
Durante los últimos dos años, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan proclamó como "un buen amigo" al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad y censuró a Israel por haber atacado a un convoy de barcos turcos que se dirigía a Gaza. Firmó acuerdos con Irak y Siria y defendió al presidente de Sudán, Omar al-Bashir como "un buen musulmán". Hace dos semanas, el ministro de Relaciones Exteriores, Ahmet Davutoglu, suscitó ira en Israel al reunirse con el jefe de Hamas, Khaled Meshaal.
Dirigentes políticos y legisladores estadounidenses, quienes empujan a Europa para que acepte a Turquía como miembro pleno de la Unión Europea, ahora muestran profunda preocupación y señalan que los turcos actúan con petulancia. El presidente Barack Obama sugirió, a comienzos de mes, que la renuencia de la UE a aceptar a Turquía como miembro pleno ha empujado a Erdogan a "buscar otras alianzas" con otras naciones musulmanas en Medio Oriente, así como con Rusia, con la cual firmó, más temprano este año, una serie de acuerdos sobre nuevos gasoductos.
Sin embargo, la realidad no es que Turquía se convierta en aliado del mundo islamista. En cambio, se está reconvirtiendo a sí mismo en un centro de la política y la economía de su propia región. Es un error ver a Turquía estando "con" la UE y Estados Unidos, o "con" el mundo musulmán o Rusia. Todas son partes de una nueva política fuertemente centrada en Turquía que descansa en sus posiciones geográfica y económica. En los hechos, eso significa que mientras Europa se mantiene como la prioridad absoluta de la política exterior del país, no es la única.
El continuo interés por Europa es alimentado por una sensación poderosa de que le irá mejor si está aliada al bloque económico más fuerte de de la región y si remodela sus instituciones a la imagen europea. Ser miembro de la unión aduanera libre de aranceles de la UE es crucial para su economía. Pese a que Alemania y Francia continúan enfriando las esperanzas turcas de ingresar a la UE, Ankara ha avanzado con reformas profundas y duraderas inspiradas en la UE. Intenta poner a su economía en línea con las normas europeas en temas como las condiciones laborales. Lo más notable es que Erdogan ha impulsado planes ambiciosos para reformar la Constitución turca, que fue redactada por los militares después de un Golpe de Estado, en 1980, para dar a los Oficiales del Ejército inmunidad ante la Justicia. Los líderes turcos saben que no pueden siquiera comenzar a trabajar en temas clave del acceso a la UE sin una nueva ley que someta al personal militar a la jurisdicción de la Justicia y que garantice las libertades fundamentales de expresión y reunión. "No podemos alcanzar un nivel de democracia compatible con los estándares de la UE mientras siga entre nosotros el espíritu de la Constitución surgida del golpe", indicó el principal negociador de Turquía con la UE, Egemen Bagis.
Por cierto, sería un error ver a la nueva Constitución como un proyecto exclusivamente impulsado por la UE, debido a que también da una serie de beneficios al oficialista Partido AK, de Erdogan, mientras lucha por quebrar el poder de un Poder Judicial implacablemente hostil.
Pero, más allá de las motivaciones, el significado de la Constitución, que será votada en un referéndum nacional en septiembre, es que pone al país un paso importante más cerca de la UE, ya sea que ésta lo quiera o no.
CAMBIO. Incorporarse a la UE es la meta más importante de Turquía, que también mira hacia otros lugares. En especial, descubre enormes oportunidades de negocios en Medio Oriente y más lejos. Por primera vez, en 2008, menos del 50% de sus exportaciones tuvieron como destino la UE, mientras las importaciones desde Europa cayeron a menos del 40%. Mientras, empresas de la construcción y de la industria manufacturera, muchas dirigidas por emprendedores del Este del país, han pasado a ser conocidas como los "Tigres de Anatolia", con negocios que, en su mayor parte, surgen en Asia Central, el Cáucaso y Medio Oriente.
Otro de los motivos que tiene para mirar al Este es su preocupación por el terrorismo. Gran parte de su acercamiento a vecinos como Siria, Irak e Irán ha sido impulsado por la necesidad de aislar al insurgente Partido de los Trabajadores de Kurdistán, conocido por su sigla PKK, que tradicionalmente ha operado desde bases en las zonas fronterizas de los tres países mencionados. Gracias a que los kurdos iraquíes miraron para otro lado y con la ayuda los servicios de inteligencia de Estados Unidos (una cooperación muy real, aunque poco publicitada, entre Washington y Ankara), las Fuerzas Armadas turcas han bombardeado y atacado bases del PKK en el Norte de Irak durante tres años.
A DOS PUNTAS. Ahora que está herido de muerte, el PKK ha optado por el terrorismo urbano como último recurso. Recientes ataques con bombas causaron seis muertos en Estambul, en tanto en emboscadas murieron 59 soldados en cinco meses, y las amenazas de atentados con bombas en centros turísticos han inquietado al gobierno y promovido esfuerzos furiosos para destruir los remanentes del PKK. Para lograrlo, no hay duda que necesita de la cooperación de Irán, para que el PKK no tenga refugios seguros, y de Estados Unidos, con la finalidad de seguir recibiendo crucial información de inteligencia sobre operaciones y corredores aéreos para lanzar ataques. También necesita de Siria e Irak, y con esa finalidad, firmó un acuerdo de exoneración de visas con Siria e instituyó un grupo de contacto ministerial con Irak, que se reúne una vez al mes para abordar temas de comercio y seguridad en las fronteras.
La cifra
78 Son los millones de habitantes de Turquía (cifra a julio de 2010), según el "Factbook" de la CIA. La mediana de edad es de 28.1 años.
Erdogan y Lula en desafío a Occidente
El diputado del Partido Demócrata por Maryland, John Sarbanes, criticó a Turquía por su "creciente petulancia en el escenario mundial". Mientras, el gobierno encabezado por el presidente Barack Obama ha reconocido que Turquía necesita forjar relaciones constructivas con sus vecinos -incluyendo a Irán- y que si sigue en paz con la región, ello realmente es bueno para Estados Unidos.
Aun cuando Brasil y Turquía sorprendieron al mundo con su intento conjunto de desactivar la tensión creada por el programa nuclear de Irán, en mayo, la extraña pareja de la diplomacia internacional, en realidad, fue menos extraña de lo que pareció. Luiz Inácio Lula da Silva y Recep Tayyip Erdogan son líderes carismáticos y su alianza indica el tipo de potencia en que Turquía quiere convertirse. Los dos tienen fuerza económica y luchan con el legado de décadas de dictaduras militares, así como tienen una relación de amor y odio con sus poderosos vecinos del norte: Estados Unidos y la Unión Europea. Por sobre todo, Turquía y Brasil se ven a sí mismos, en sus respectivas regiones, como desafiantes del tradicional equilibrio de poder dominado por Occidente. La alianza de los dos países, aunque sea temporaria, puede constituir un presagio de una diplomacia regional con enfoque más independiente aplicada por potencias de mediano nivel en ascenso. NEWSWEEK