Exponen cuarenta dibujos de Bacon

JORGE ABBONDANZA

Hace muchos años, hablando sobre Canaro, Leguisamo y Julio Sosa, entre otros, Alsina Thevenet acuñó una frase chistosa: "Todos los argentinos famosos son uruguayos". Con el mismo espíritu burlón podría decirse (pensando en Oscar Wilde, Bernard Shaw, James Joyce y el pintor Francis Bacon) que todos los británicos famosos son irlandeses. La broma incluye a Bacon, que murió hace dieciocho años, un plástico eminente del que conviene acordarse ahora que se realiza en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires una exposición de cuarenta dibujos sobre papel. Se trata de la primera muestra de obras de Bacon que se lleva a cabo en Sudamérica y comprende una selección de lo que se conoce como "dibujos italianos", ya que Bacon los hizo durante sus frecuentes estadías veraniegas en Italia. Una exhibición similar se había cumplido el año pasado en la Bienal de Venecia.

Las obras pertenecen a fines de la década del 80, ubicándose en los últimos años de vida del artista. Fueron realizadas como regalo para su amigo Cristiano Lovatelli Ravarino y en época reciente su autenticidad fue cuestionada, debiéndose recurrir a un proceso judicial cuyo fallo sin embargo confirmó que son trabajos de Bacon (todos los dibujos están firmados). La temática de esas series incluye algunas versiones de la Crucifixión y variantes sobre el retrato de Inocencio X por Velázquez, dentro de la línea de desfiguración de las siluetas y ferocidad expresiva que era característica del pintor. Lo singular es que Bacon trabajó casi siempre en pintura, de manera que estos dibujos en blanco y negro son muy inusuales dentro de su producción, lo cual añade al interés que despiertan una cuota adicional de valor.

La muestra en Buenos Aires se mantiene hasta el 15 de agosto en aquellas salas contiguas a las Galerías Pacífico, cuenta con catálogo donde figuran textos de varios especialistas y sus curadores fueron Edward Lucie-Smith y Massimo Scaringella. No hace falta subrayar la importancia que esa presencia de Francis Bacon asume para el público rioplatense. En estos días, otra exposición similar con dibujos del creador está en curso en la Fundación Eugenio de Almeida, en Lisboa. El acontecimiento porteño podrá atraer a viajeros uruguayos que no siempre disponen de obras de semejante importancia al alcance de la mano. Porque Bacon fue una de esas figuras solitarias, embravecidas, aisladas e irrepetibles dentro del arte visual del siglo XX. Su carácter único resulta similar -aunque ubicado en las antípodas del lenguaje pictórico- al del boloñés Giorgio Morandi, que fue otro artista diferente al resto, sin antecedentes ni continuadores, cerrado sobre sí mismo y ajeno a las corrientes expresivas que frecuentaron sus contemporáneos. Así emerge Bacon con sus atormentadas figuras humanas, que se retuercen en medio de sus telas y cuya deformidad sobresalta al observador como reflejo de tantos otros padecimientos del mundo real.

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