Con motivo de los multitudinarios y justificados actos que tuvieron lugar tanto en Montevideo como en el interior del país, y de las desbordantes manifestaciones de alegría con que fueron recibidos los jugadores que participaron en el Mundial de Sudáfrica, algunos comentaristas manifestaron su sorpresa por tener su origen en un pueblo al que calificaron como naturalmente "gris", e incluso el Presidente de la República en las palabras -no fue un discurso- que pronunciara en la escalinata del Palacio Legislativo hizo mención a "la pequeña patria" que, agrupada allí, les reconocía su guapeza y su valentía. No tienen razón en aquellos calificativos. Ni los uruguayos que estuvieron presentes (o ausentes) son grises ni lo hicieron como habitantes de un pequeño país, ni mucho menos de una pequeña patria.
La alegría del pueblo uruguayo, que podría calificarse más como sufriente que como gris, se manifiesta espontáneamente en el carnaval más largo del mundo y en las tamborileadas del Barrio Sur. También en los festivales de rock que se multiplican en Montevideo o en las participaciones enfervorizadas con que acompañan la presencia de cantantes o conjuntos provenientes del exterior, en una actitud a la que no está ajena la población del interior: allí están Minas y abril o los festivales de la cerveza o de más rock, o la fiesta del mate u otros numerosos encuentros folclóricos que mantienen viva la tradición.
Tampoco somos un pequeño país, ni aún desde el punto de vista territorial, ya que con nuestros 176.220 kms cuadrados de superficie, somos mucho más grandes que Holanda, que con sus modestos 41.526 kilómetros -poco más que el doble de Tacuarembó y casi el triple de Paysandú-, podría entrar cuatro veces en el Uruguay y sin embargo logró clasificarse como vicecampeón del mundo; somos más grandes que Portugal, con sus 92.391 kms o Suiza con sus 17.363 kms, o Israel con sus 20.770 kms o la República Checa con 78.866 kms o Bélgica con 30.510 kms. Llegamos hasta discutirle con garra y valentía un partido a Ghana que tiene una superficie de 239.460 kms.
El tamaño de un territorio debe importarle a los ingenieros agrónomos para medir las tierras, pero nunca a un político o a un Presidente de la República para referirse al país que gobierna y menos para caracterizar una "patria", como lo hizo, y no sólo porque el Uruguay es una patria grande, desde el punto de vista histórico, cultural y de su tradiciones, sino precisamente por que fue esa Patria la que se volcó a las calles, desafiando a quienes se han preocupado más de esconderla, detrás de la eliminación de las festividades históricas en vez de exaltarlas a través de su celebración. Lo que estuvo presente en las calles de Montevideo, de Minas y de Paysandú fue precisamente ese concepto de Patria grande, aglutinando a través de una alegría común, todas las creencias, fidelidades políticas y partidarias, e incluso deportivas, en lo que debe considerarse la razón de una hermosa explosión colectiva.
Lo que sobrevoló pues el territorio en estas últimas semanas, junto a las banderas de color celeste, fue el mismo concepto de Patria que José Irureta Goyena describiera en forma brillante en una de sus clásicas conferencias y que desde el oficialismo, algunos intentaron destruir en el pasado y lo siguen haciendo ahora a través de una discutible gestión.
Si una lección se quiere sacar de esas manifestaciones, como lo reclamó el maestro Tabárez, ella debe ser la de rescatar el pasado y la historia de nuestro país, no acumulando las celebraciones en una sola, el 19 de junio, juntando el aniversario del nacimiento de Artigas con una recordación política ni tampoco colocando, como pretende la Intendencia de Montevideo, placas alusivas en los lugares y los edificios donde se luchó contra la dictadura.
El Frente Amplio, en el Gobierno y el Partido Comunista, en la Intendencia de Montevideo, siguen mirando hacia atrás, donde ellos deberían quedarse, y no hacia un futuro mejor, hacia el cual debe llevarse al país. En ambos casos, sí con mejores Técnicos.