A.L.
Daniel Carini: un nombre conectado estrechamente con el mundo de los parches, platos y palos, e inteligente "laburante" de lo que suele caer (algunas veces en el acierto, otras, las más, en el error) en el saco de la "fusión". 365, sin embargo, no es un disco en que el batero se despacha con todas sus habilidades percusivas en un ejercicio de manual. Todo lo contrario. Aquí explota dos vetas poco conocidas: la de cantante y compositor. En ambas demuestra tener una sensibilidad para armar entornos sonoros contrastantes, uniones de lenguajes diferentes, y urdir texto de cuidada y disfrutable factura poética.