Jorge Abbondanza
Hace un par de días trascendió la noticia del fallecimiento de Carlos Caffera, artista plástico, docente y crítico que nació en Montevideo en noviembre de 1931. Durante su juventud tomó clases de cerámica con Marco López Lomba y asistió a cursos de estética y psicología en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Al comienzo de su trayectoria como ceramista, formó un equipo con Duncan Quintela y expuso durante la década del 60, incluyendo la gran muestra colectiva "Cerámica y Anticerámica" en el ex Centro de Artes y Letras que había desarrollado el diario El País.
Entre 1967 y 1970 Caffera vivió en París, donde amplió su formación en las áreas del arte visual, estudiando antropología con el famoso Claude Lévi-Strauss. Comenzó luego en Montevideo su actividad docente en el campo de la cerámica y la plástica en general, estando a cargo del taller de cerámica del Museo Histórico de San José.
Derivó más tarde a la realización de joyas y a la pintura, disciplinas en las que llevó a cabo algunas exposiciones individuales que denotaban la amplitud de sus inquietudes expresivas. Obtuvo premios en Salones Municipales y Salones Nacionales, así como en Concursos de Orfebrería, llegando a recibir hace pocos años el Premio Figari a la trayectoria, que otorga el Banco Central del Uruguay.
Se dedicó asimismo a la crítica de arte en varias publicaciones locales (en el diario La Hora y en los semanarios Noticias y Zeta). Su fallecimiento permite ahora evocar la multiplicidad de puntos de interés que frecuentó en su desempeño como artista y hombre de la cultura. Individuo solitario y reservado, Caffera sabía mostrar a quienes le conocieron la afectuosidad y hasta el sentido del humor que se escondían debajo de su discretísimo comportamiento. Ese perfil, junto al de su talento, son lo que ahora se pierde con su desaparición.