La izquierda de nuestro tiempo

CARLOS MAGGI

Hace un siglo y medio (143 años) que un libro escrito por Carlos Marx ("El capital") determina buena parte de la historia del mundo en general y de la historia de muchos países, en particular.

El hecho es que fueron tan fuertes y verdaderas las afirmaciones teóricas de ese texto, que la doctrina básica soportó la propuesta estratégica de Marx que no era conciliadora, ni pacífica. Postulaba: la lucha de clases, una revolución armada y la toma del poder con la consiguiente dictadura del proletariado, por tiempo indefinido.

Avisar la muerte de quienes se opusieran y proclamar la supresión de la libertad como un fin deseable, levantó una resistencia indoblegable. Desde el origen de esas ideas contrarias a los principios de la Ilustración, obró una fuerza constante a favor de la personalidad del hombre y el respeto que ella merece.

La modernidad como organización de las normas republicanas (piadosas) se instala en el Uruguay hacia el 900, cuando se había cumplido una formidable evolución cultural y por consiguiente, se superaban por voluntad mayoritaria, las patriadas y los alzamientos armados como forma de dirimir los desacuerdos políticos.

Se inicia así, un largo período humanístico caracterizado por el desarrollo de la legislación del trabajo. Esta nueva filosofía política está dos veces referida al marxismo: por admisión y por rechazo.

Don Pepe Batlle y una generación descomunal, coincidieron en el tiempo y hubo aún, otra coincidencia notable, no destacada habitualmente: los fabianos que dieran origen en Inglaterra, al laborismo.

Al iniciarse la época batllista, (las enciclopedias coinciden) "el socialismo había entrado en Gran Bretaña a través de la "Sociedad Fabiana", integrada por un grupo de intelectuales provenientes de variados horizontes políticos, cuyos miembros más notables eran Sidney Webb, Bernard Shaw y H. G. Wells.

Los fabianos eran pragmáticos; se apartaban de la estrategia violentista de Marx, pero no de las medidas concretas de tinte socialista que podían tomarse buenamente.

Seguir en paralelo la historia del batllismo inicial y la historia fabiana, permite entender mejor el pensamiento local de los últimos cien años del Uruguay: Marx sí; "ma non troppo."

Ahora el Presidente Mujica desdice al Marx tremebundo.

El espectáculo brindado por José Saramago, gran novelista y comunista fiel, fue inolvidable y conmovedor.

Durante una jornada del ciclo "Lecciones y maestros", en Santillana del Mar (2006) el escritor recientemente fallecido, afirmó:

- "Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda". "Es hora de aullar. Si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que merecemos lo que tenemos". "Ya no queda tiempo para tratar de cambiar el mundo. Hay que hacer algo".

Lo más patético de este regreso al Marx de la muerte y el mandamás, es que solo puede aullar; y solo se propone hacer "algo". No sabe qué.

Hebert Gatto escribió con rara precisión:

-" En el año 1990, en medio de la debacle soviética, Jaime Pérez, Secretario General del Partido Comunista del Uruguay propuso atenerse a bases ideológicas menos rígidas que coincidieran en un socialismo democrático de rostro humano. La iniciativa desembocó en el II Congreso Extraordinario de mayo de 1992, seguido por el XXIII Congreso de diciembre de 1993, y allí se confirmó el retorno a la ortodoxia leninista. Marina Arismendi y un pequeño grupo en el que se encontraba (la actual intendenta) Ana Olivera, pasaron a dirigir el Partido, así "rescatado" del intento de renovación."

Tal vez estas actitudes empecinadas hayan provocado el reciente fracaso electoral del Frente Amplio; tal vez hayan provocado la concertación espontánea de blancos y colorados, sobresaltados, ante la terquedad bolchevique.

En las elecciones departamentales, los blancos y los colorados fueron mayoría con una diferencia a su favor de 150.000 votos. Es para preguntarse ¿Qué hubo y qué hay para que Mujica gane y el Frente pierda? Hubo y hay una actualización, como quiso hacer Tabaré Vázquez; y no pudo.

Mujica desconcertó al Uruguay. No habla como un empedernido, habla como un cristiano del siglo primero. Oigo a Mujica y pienso que el viejo Batlle se sentiría complacido.

La distancia entre el presidencial y la acción capaz de cambiar la realidad, puede darse o no, pero a mí no me impacienta esa demora. Sé que la cultura nace de la palabra y que las consecuencias fácticas requieren una maduración que lleva tiempo. La cultura pura es un fermento lento.

A modo de confirmación de lo que digo, compongo un discurso (textual) con frases sueltas de Mujica; y le abro crédito a esta prédica:

- Cuba debería ser más tolerante. El mundo no tiene la tolerancia que debería tener. Es una pena. Mientras exista la posibilidad del recurso de la fuerza, de la brutalidad, la guerra y la intolerancia, estaremos sujetos al primitivismo. Toda intolerancia debe ser evitada.

Gobernar empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.

Gobernar no es mandar ni imponer. Gobernar en el fondo es convencer, y cuando no puedes convencer, busca otro camino para tratar de convencer.

Conservadores son quienes quieren cambiar la realidad desde las consignas revolucionarias del conflicto y del todo o nada.

Los países que están adelante tienen una vida política serena. Poca épica, pocos héroes y pocos villanos. Para lograrlo, estamos convencidos, se necesita una civilizada convivencia política.

Ya no es tiempo de únicamente patria para todos, sino también de patria con todos. Gobernar es un acto de ternura.

Es sustancial para la vida democrática, lograr la incorporación de las Fuerzas Armadas al proyecto de país que queremos llevar adelante.

He tomado la decisión de caminar con todos. No quiero que los de hoy se antagonicen por el ayer.

Las Fuerzas Armadas no tienen por qué cargar con la mochila del pasado.

Sacar de la cárcel a los militares mayores a 70 años… Cuesta mucho ver estas cosas, muchísimos compañeros queridos, nunca lo podrán ver, les resulta imposible.

Yo prefiero que mis verdugos no estén presos.

COMENTO: el escrutinio de las elecciones indica que los partidos importan, pero los candidatos importan más.

Esto no significa que el Presidente de la República pueda realizar todo cuanto se propone.

Su partido decide. Pero cada vez que ese partido decida mal, será castigado. Y esto vale para todos los partidos.

Admirablemente, los uruguayos son humanistas.

La merma del Frente y la concertación espontánea de blancos y colorados (contraria a lo exigido por sus dirigentes) así lo prueban.

Por más información, visite:

www.concertaciónciudadana.org

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