JORGE ABBONDANZA
Woody Allen debe estar contento, porque Carla Bruni figura en el elenco de Midnight in Paris, la comedia romántica que comenzó a filmar el lunes 5 en la capital francesa. Por lo que se sabe, Carla no tenía antecedentes como actriz, aunque dispone de credenciales más vistosas que las del arte dramático, porque está casada con Nicolas Sarkozy, presidente de Francia. Por lo visto, Woody sabe convertir a una primera dama en una primera actriz, acto de alquimia que podrá favorecer a la boletería, mientras los impacientes deberán esperar a la fecha de estreno para ver el resultado del trasplante. Pero Carla no es el único miembro de la familia presidencial que provoca revuelos en los titulares de prensa.
Porque el propio Sarkozy les ganó de mano -a ella y al realizador- obligando a los diarios de medio mundo a hablar sobre lo que se define como el escándalo L`Oréal. Detrás de esa marca de productos cosméticos está la octogenaria potentada Liliane Bettencourt, dueña de la firma, cuyo buen nombre tambalea desde que su mayordomo utilizó un micrófono oculto para grabar varias charlas de la señora con sus invitados. De esos diálogos surgieron evidencias sobre manejos de dinero en el exterior y cuentas ilegales en Suiza, como maniobras para evadir al fisco francés. Surgieron también los generosos donativos que Liliane hizo al UMP, el partido que Sarkozy llevó al poder en 2007.
La ex contadora de Madame Bettencourt confirmó públicamente esos entretelones y agregó unos cuantos nombres de destacados políticos que concurrían al caserón de la millonaria para recibir regalos en efectivo. A la cabeza de ese desfile figuraba el ministro de Trabajo, que habría obtenido de Bettencourt una dádiva de 150.000 euros para la campaña electoral de Sarkozy. Esa prodigalidad le aseguró a la mujer más rica de Francia el agradecido silencio oficial sobre sus operaciones fraudulentas en el país y en el extranjero. Cabe imaginar lo que habrá aumentado el tiraje de los diarios de París con esa historia, que salpicó al presidente y a parte de su entorno.
El caso comenzó a divulgarse a través de Mediapart, el portal de Internet dirigido por Edwy Plenel, que fue un prestigioso jefe de redacción en Le Monde antes de fundar ese sitio digital donde se publicaron las grabaciones del mayordomo y se difundieron las implicancias de la gente de Sarkozy. Claro que el lunes pasado se supo que una Inspección General de Finanzas había resuelto que aquel ministro de Trabajo no estaba enredado en el temible expediente fiscal de la Bettencourt, aunque el mayordomo y la contadora son menos indulgentes al respecto. Desde que se conoció ese fallo, el primer mandatario respira un poco más tranquilo. Sin embargo en Francia ya se compara este episodio con el caso Watergate que barrió con Nixon hace 36 años. Ante semejante cataclismo, Woody Allen y Carla Bruni no son más que figuras de reparto.