La premisa básica es que nada pasa. Para el grupo de niños y adolescentes protagonista significa horas de no saber qué hacer, sobre todo porque sus mayores han salido por varios días y apenas tienen la asistencia de una doméstica veinteañera. A ese hueco es que la directora Celina Murga apunta su mirada para diseccionar con toda frialdad las invasiones de casas sin habitantes que existen en el barrio privado en el que viven los muchachos, un ejercicio anodino que al principio no tiene mayor relevancia aunque después, cuando el paso de los días exacerba las conductas, adquiere otros alcances. Pero tampoco en ese punto pasará nada.
La transgresión está dentro del cuadro de contemplaciones que se arregla eventualmente con alguna compensación material. En ese plano está todo previsto (el desayuno, el colegio, el micro, la merienda, el estudio, los juegos), como si ese fuera el punto de partida y de llegada en la educación de los pequeños. Por oposición, Murga descubre la carencia casi absoluta de otros estímulos, matizada apenas por los quiebres emocionales del más pequeño y los coqueteos sensuales de los mayores. Esa es la gran virtud de la cineasta, concentrada en describir un ambiente donde crecen unos seres que no han podido templar sus personalidades en la confrontación con las vivencias de otros muy diferentes a ellos.
Una semana solos
ficha
Argentina 2008. Directora: Celina Murga. Guión: Celina Murga, Juan Villegas. Fotografía: Marcelo Lavintman. Montaje: Eliane Katz. Música: Inés Gamarci, Marcelo Pérez, Martín Salas. Elenco: Magdalena Capobianco, Eleonora Capobianco, Ignacio Jiménez, Gastón Luparo.
atención a...
La sutil resolución del final del film, cuando el hermano de la empleada decide abandonar el lugar y hay quien va a buscarlo y lo hace volver porque allí no pasará nada.