Ideología

El cantante Jorge Drexler ha puesto las cosas en su lugar. "No escribo canciones para trasmitir una ideología, odio el concepto de mensaje", declaró en una entrevista efectuada con el trasfondo del III Congreso Iberoamericano de Cultura celebrado en Medellín. Con esas palabras, nuestro exitoso compatriota contradijo una tendencia histórica de la vieja guardia artística que tanto insistió en el pasado -y aún insiste- en que la música, como otras artes, deben estar al servicio de ciertas ideas políticas, ya sabemos cuales.

El "compromiso" del creador, la "militancia" en el arte, la "canción protesta", he ahí los rótulos de consignas que tanto daño le hicieron no sólo a las expresiones artísticas sino también a la forma sesgada con que una parte del público se acostumbró a apreciar la realidad.

Hoy ya no abundan aquellos recitales con el puño en alto o las arengas convertidas en temas musicales, pero sobreviven todavía quienes intentan transformar los espectáculos públicos en escenarios adictos a la izquierda.

Hubiera sido fácil para Drexler hacerles alguna guiñada para obtener la bendición de los partidarios del canto "con mensaje". Ganador del Oscar con una de sus canciones, de amplia popularidad en España y en América Latina, no necesita disfrazarse de "progre" para triunfar en toda la línea. Por eso puede decir con toda tranquilidad que no hace "canciones con una especie de subfondo" pues "no están ni para inculcar, ni enseñar nada, ni dar un consejo sino que son lo que escribe una persona que siente cosas y las pone ahí, y espera que otras personas se identifiquen con ella, y a veces tienes suerte y eso pasa".

Toda una lección de un genuino creador.

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