El Frente Amplio tiene una vocación catastrófica del arte de gobernar y ante cualquier problema sólo se le ocurren orbitales planes de emergencia o reformas globales del Estado, como sucedió con el problema de las cárceles o de la vivienda y con una publicitada reforma del Estado que no ha logrado salir del embrión para convertirse aunque sea en la reforma de una modesta oficina.
Con las cárceles y las viviendas ha ocurrido lo mismo. Mientras el Presidente dona una parte de su sueldo para una demorada construcción de estas últimas y doce presos se mueren quemados en Rocha por la demora en procurar soluciones urgentes e inmediatas de situaciones que los tres últimos ministros del Interior conocían y que nadie se preocupó de atender. Ahora sí, se harán y rápido.