Debe ser una de las muertes más horribles que alguien pueda imaginar. Una a una, las piedras van golpeando la parte superior del cuerpo del condenado hasta que la acumulación de heridas acaba con su vida. Los hombres son enterrados hasta la cintura y las mujeres hasta los senos. El proceso de muerte está escrito con detalle en los artículos 98 al 107 de la ley iraní, que establece quien tira la primera piedra.
EL PAÍS DE MADRID
Shakine Mohammadí Ahstiani está condenada a muerte en Irán. No a cualquier tipo de muerte sino a la lapidación. La inminencia de su ejecución ha movilizado a las organizaciones humanitarias. Si las autoridades iraníes no lo remedian, Ahstiani, de 43 años y madre de 2 hijos, será enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras, que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el código penal de la República Islámica. "No hay pruebas en su caso que justifiquen esta sentencia inhumana", denunció la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán, la primera en dar la voz de alarma. La campaña respondía al llamamiento del abogado de Ashtiani, Mohammad Mostafaeí, quien agotadas todas las instancias difundió el caso en su blog. Desde entonces, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras, se sumaron a la movilización internacional pidiendo su perdón.
El código penal vigente en Irán desde la revolución islámica de 1979 establece la lapidación para los adúlteros, pero de acuerdo con esa polémica interpretación de la Sharía (ley islámica), el delito debe probarse por la confesión repetida del acusado o el testimonio de cuatro testigos varones (o de tres hombres y dos mujeres). El ayatolá Mohammad Ebrahim Yannati asegura que no hay base para ese castigo. Ashtiani había sido condenada con anterioridad a 99 latigazos por "relación ilícita" con el presunto asesino de su marido. Pero otro tribunal decidió que dicha relación se había producido en vida del finado por lo que constituía "adulterio", a pesar de carecer de testigos.
pide clemencia. En el juicio, la mujer se retractó de la confesión que hizo durante el interrogatorio porque dijo que había sido coaccionada. Desde entonces ha negado la acusación y pedido clemencia. Además, tiene dificultades para entender el persa porque pertenece a la minoría azerí que habla un dialecto turco. "Sólo una campaña internacional que presione al régimen de Teherán puede salvar su vida", ha declarado Mina Ahadi, directora del Comité Internacional contra la Lapidación y la Pena de Muerte.
Según Amnistía, "las circunstancias que rodean el caso de Ashtiani no son la excepción sino la regla en Irán". Como resultado del diálogo con la UE, el poder judicial decretó una moratoria de esa pena en diciembre de 2002. Igual que otros avances conseguidos durante el mandato del reformista Mohamed Jatamí, no se convirtió en ley. Así que se han seguido pronunciando veredictos de lapidación y los jueces más conservadores las han ejecutado. El último caso conocido se produjo en enero del año pasado en la ciudad de Mashhad.
Pena cruel
En caso de que la condena haya sido fruto de la confesión, como se pretende en el caso de Shakine Ahstiani, el juez tiene la responsabilidad de arrojar la primera piedra. Si hubieran testigos, serán éstos quienes tengan el dudoso honor; a continuación, vendrá el juez y el resto de los presentes en la ejecución, que no pueden ser menos de tres. Dado que las lapidaciones son muy polémicas, suelen celebrarse a puertas cerradas y con pocos asistentes.