Unidad europea sobrevivirá a la crisis

Hora crucial. Europeos logran éxito, zafando de problemas a duras penas Intentan ser estrictos para cumplir con el límite de déficit del 3% del PIB Costos de retirarse del euro son prohibitivos

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Newsweek

La Unión Europea es golpeada por la crisis de origen financiero que afecta sus fundamentos de protección social. El pesimismo extremo es prematuro. La historia enseña que es demasiado temprano para contarle hasta diez. La integración se salvará.

En la antigua Grecia, Casandra alertó sobre la caída de Troya, pero nadie escuchó. Hoy, después de la crisis financiera griega, hay Casandras por todos lados, que pronostican el colapso del euro, y también de la propia Unión Europea (UE). Todo el mundo escucha.

Los observadores que buscan aparecer en los títulos de los diarios y noticieros pronosticaron, con frecuencia, el inminente deceso de la UE. En general, se han equivocado. En la década de los `60, cuando el presidente de Francia, Charles de Gaulle vetó el ingreso de Gran Bretaña y se retiró del Mercado Común, frenando durante seis meses la toma de decisiones en Europa, algunos creyeron que el experimento había terminado. A comienzos de la década de los `80, los periodistas utilizaron frases como "euro esclerosis" y "euro pesimismo" para describir el clima en Bruselas. Pocos años después, Europa lanzó el programa de mercado único. Los economistas, de manera uniforme, rechazaron al euro como inviable. Ahora, es una realidad. Hace apenas cinco años, a la luz de las derrotas en los referendos realizados en Francia, Holanda e Irlanda, la Constitución Europea, parecía agonizante. Ahora, es ley.

Los países europeos de manera consistente encuentran soluciones comunes, no sólo porque son creyentes sentimentales del ideal europeo, sino también porque viven en el continente con más interdependencia económica. No tienen opción: deben cooperar. Basta ver el resultado de la crisis financiera de mayo: una Europa más fuerte, aunque sin el extremo federalismo centralizado que algunos promueven. El 10 de mayo, los europeos rescataron a Grecia, autorizaron un fondo de 750.000 millones de euros para proteger a las monedas y dieron la anuencia al Banco Central Europeo para intervenir con la finalidad de comprar la deuda soberana.

Alemania y Francia, los líderes de la eurozona no estuvieron de acuerdo en ligar su suerte a la de los deudores, debido a que sienten gran solidaridad con Grecia, un país cuya temprana edad de retiro y contabilidad dudosa han sido atacadas por los diarios alemanes. Tampoco fueron motivados por la creencia entusiasta en el proyecto europeo: esos días de idealismo pasaron hace mucho tiempo. Los rescates de bancos, ya sean europeos o nacionales, no son más populares en Europa que en Estados Unidos. Por ello, el gobierno de Alemania demoró tanto antes de apoyar el rescate, ya que el Partido Demócrata Cristiano de la canciller Angela Merkel buscó (sin éxito) evitar una paliza en las recientes elecciones regionales.

Francia y Alemania tampoco actuaron con el propósito de fortalecer el euro, que ha perdido casi el 20% de su valor desde noviembre de 2009. Después de todo, la moneda europea llegó a fines de mayo a un nivel de alrededor de 1.25 en relación con el dólar, lo que es cercano al valor que tuvo en su comienzo. Una declinación mayor sería buena para la mayoría de los exportadores como Francia y Alemania. Merkel no actuó porque el presidente Barack Obama la llamó, como se hizo trascender de manera conveniente en los diarios alemanes. Los europeos no ponen en riesgo a su moneda para hacerles favores a los estadounidenses.

Los políticos europeos hicieron, más bien, un cálculo duro de interés propio: actuaron para evitar una desastrosa pérdida de confianza en los bancos y bonos franceses y alemanes, que están vinculados a Grecia. Los bancos franceses tienen 58.000 millones de euros de deuda alemana, en tanto los bancos alemanes deben 32.000 millones de euros, mucho más que los bancos griegos. No debe sorprender que el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, haya liderado la ofensiva. El noventa por ciento de la deuda griega está en manos de extranjeros.

Durante el fin de semana que precedió a la intervención, los mercados estuvieron en pánico, temiendo la inminente cesación de pagos de Grecia. Los costos financieros entre bancos y de gobiernos crecieron hasta niveles insostenibles. El contagio comenzó a extenderse a Portugal, Irlanda, Italia y España. Si Grecia hubiera sucumbido, la totalidad del sistema bancario europeo podría haber seguido el mismo camino. Alemania y Francia no rescataron a los extranjeros; rescataron a su propia gente. El interés propio no les dejó opción.

PERSPECTIVA. ¿Qué pasa ahora? Los comentaristas persisten en ver la crisis como una batalla en blanco y negro: pesimismo o idealismo. Los pesimistas ven la quiebra de la eurozona como algo inevitable. La divergencia -diferencias en competitividad, presupuestos, costos laborales y demografía- debe, en definitiva, separar a los países europeos. Alemanes y griegos, quizás hasta alemanes y franceses, al estar en la misma unión monetaria aplican una mala política, debido a que ésta suprime el crecimiento de los países menos competitivos, los que ya no pueden devaluar para impulsar las exportaciones y suprimir el gasto de consumo.

Los pesimistas creen que, en los mercados volátiles actuales, ningún grado de intervención de los gobiernos impedirá, en definitiva, que los especuladores los destrocen. Se crearán resentimientos dentro de la UE. Los pesimistas también creen que es mejor alentar a las naciones débiles como Grecia a abandonar el sistema -por lo menos, de manera temporaria, como sugiere el profesor de Harvard, Kenneth Rogoff- para que devalúen su moneda y restablezcan la competitividad.

Es probable que unos pocos países, quizás Grecia, en definitiva, abandonen la eurozona. Sin embargo, para la mayoría, los costos de retirarse del euro son prohibitivos y disuadirán a cualquier político de correr el riesgo de seguir ese curso de manera premeditada. Las empresas serían sometidas a una transición desgarradora y la deuda denominada en euros se inflaría. Una austeridad costosa igual sería necesaria. Habría alto riesgo de cesación de pagos, demandas judiciales y distorsión del comercio y las inversiones, situando al sistema financiero en peligro.

(El autor de este informe es Andrew Moravsik, profesor de la Universidad de Princeton).

Austeridadasegura el futuro

DECISIÓN: "Nuestro desafío más urgente es encarar el déficit masivo y la creciente deuda. Cómo lo abordemos afectará nuestra economía, nuestra sociedad y todo nuestro estilo de vida", advirtió el nuevo primer ministro de Gran Bretaña,David Cameron. El objetivo es eliminar el déficit estructural en 5 años.

ACCIÓN: Alemania aprobó fuertes medidas para reducir el déficit presupuestal, debido a que ello significa eliminar obstáculos en el futuro del país. La canciller Angela Merkel anunció reducciones por US$ 96.000 millones en el presupuesto hasta 2014.

META: Merkel expuso como objetivo prioritario cortar el déficit estructural del gobierno federal de 2,5% del PIB este año a 0,35% en 2016, como requiere una reciente enmienda a la Constitución.

EN LÍNEA: Francia anunció reducciones de gastos por US$ 122.000 millones hasta 2013 para abatir el déficit del 8% al 3% del PIB.

CAMBIOS: El gobierno francés eleva la edad mínima para jubilarse a 62 años y aumenta los aportes a la seguridad social del 8,1% al 10,5%.

(Fuente: The Economist)

Las cifras

7,5% Es la tasa de desempleo en Alemania, que está en descenso y afecta a 3.150.000 personas. En España, se sitúa en el 20%.

8.900 millones de dólares son los recortes de gastos anunciados por el nuevo gobierno de Gran Bretaña. El déficit es de 11% del PIB.

Control presupuestal y cumplir sin excepción el límite de déficit

Bruselas | Los idealistas creen que la única alternativa para la UE es la centralización, una transferencia del control de los presupuestos y políticas nacionales a la UE. El ex presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, quiere ver el "federalismo fiscal" europeo. En su enfoque, la estricta aplicación de las normas por parte de Bruselas o Francfort es la única manera de alentar a los gobiernos a impulsar las reformas. Se necesitan normas con firmeza para reemplazar al pacto de estabilidad aprobado en 1997, que fija un tope del 3% a los déficits nacionales. Hasta las voces críticas lo ven de esa manera. Niall Ferguson, quien no es un entusiasta de la integración, escribió en fecha reciente en Newsweek: "La verdadera opción es entre convertirse plenamente en los Estados Unidos de Europa… o una mezcolanza de fantasía que tarde o temprano se caerá a pedazos".

Entre el pesimismo y el idealismo, permanece una tercera opción, que es más pragmática y más consistente con los intereses nacionales vitales de los gobiernos europeos. El rescate de Grecia le da a Alemania, Francia y otros países que prestan el tiempo -quizás algunos meses o, con suerte, unos años- para reestructurar su sector bancario. Parte del problema es que Alemania y Francia todavía tienen que seguir el curso de acción políticamente polémico que tomaron Estados Unidos y Gran Bretaña: destinar masivas sumas de dinero de los contribuyentes a identificar y remover los activos tóxicos de los balances de sus bancos. Mientras, la UE necesita desarrollar normas para una cesación de pagos ordenada, quizás respaldada por un financiamiento puente de la UE o de un nuevo Fondo Monetario Europeo. La retirada del euro debe ser una opción tomada como último recurso.

La solución pragmática descansa, en parte, en la esperanza de que el reciente impacto impulsará las reformas en países como España, Francia y Bélgica, de cuya participación depende la eurozona. Un motivo será que los bancos privados y los mercados de bonos castigarán a los gobiernos que no realicen las reformas. Las tasas de interés que los bancos ya cobran a Grecia crecieron de 1% por sobre las tasas alemanas a más del 10%. Esto dará a los gobiernos el incentivo para reformar, sin supervisión directa de la UE. El ministro de Economía de Alemania, Wolfgang Schauble, propuso en fecha reciente, que los miembros de la eurozona adoptaran normas constitucionales para limitar el déficit presupuestal, como lo hizo Alemania.

La UE ha tenido éxito porque sus políticas no se fundamentan en el idealismo, sino en el reconocimiento de que la unión de naciones diversas puede encontrar maneras realistas de trabajar en conjunto. El compromiso de los europeos entre sí no es incondicional, como creen los federalistas, aunque es más fuerte de lo que temen los escépticos. El estilo europeo de zafar a duras penas puede no ser glamoroso, pero funciona. Quienes apuestan contra el interés propio económico de los gobiernos europeos, probablemente pierdan. Newsweek

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