Ana María Abel
Lic. Ciencias Familiares
Durante las vacaciones de invierno no es superfluo recordar algunas nociones elementales de accidentes en el hogar protagonizados por los más chiquitos. Ellos son quienes salen menos de casa y los más expuestos a sufrirlos dada su espontaneidad y poca noción del peligro. Podemos prevenir tres de cada cinco accidentes caseros en niños entre uno y cuatro años y un tercio de los de entre cinco y doce.
Un primer consejo es establecer infraestructuras y rutinas hogareñas a prueba de travesuras infantiles. No es fácil cuidar a chiquilines que se empeñan en escapar del control paterno y siempre se las ingenian para encontrar una nueva situación de riesgo.
Las caídas serias -no hablamos del inevitable porrazo cotidiano al caer desde un sillón o de la cama- requieren precauciones muy sencillas: basta colocar protectores en balcones y ventanas, pues los barrotes suelen estar bastante separados y permiten el paso de una cabecita aventurera. También es recomendable instalar puertas o barreras en las escaleras, para evitar peligrosas excursiones.
En orden de importancia, por gravedad y número de casos, siguen las intoxicaciones. Los productos de limpieza y venenos de uso hogareño ejercen una particular fascinación sobre los más pequeños.
El doctor Ceriani sugiere que "conviene mantenerlos en lugares altos, donde los chicos no puedan llegar, no debajo de la mesada de la cocina". Cerrarlos con llave no basta ya que por un segundo puede quedar la puerta abierta, instante aprovechado por el niño para paladear el detergente. Les tienta probar los medicamentos que ven tomar a padres y abuelos atraídos por el color intenso de pastillas y envases: asocian esos remedios con el gusto agradable de los que se les administra a ellos. La asfixia provocada por bolsas de plástico está al acecho: se las colocan en la cabeza para jugar y después no se las pueden sacar.
Sigue el capítulo de los elementos cortantes. A menudo los chicos usan las tijeras para cortar un cable enchufado, con el consiguiente peligro de electrocución. Y ni hablar de los enchufes, cuyos orificios reclaman su atención: de todos es sabido cómo intentan meter en ellos dedos y juguetes. Actualmente disponemos de disyuntores que cortan la corriente ante la mínima señal de interferencia en el circuito, pero a veces no son suficiente: hay que tapar los enchufes.
Este repaso no es para asustar a los padres: pretende recordar rutinas de prevención en la vida diaria del hogar ya que ningún extremo es bueno: ni "a mi hijo no le va a pasar nada", ni una sobreprotección extrema que generaría chicos incapaces de cuidarse a sí mismos.
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Alejar la tentación.
Conviene ubicar sartenes y cacerolas en las hornallas de atrás de la cocina con los mangos hacia adentro para no tentar el manotazo infantil. Si bien este accidente no es mortal, suele afectar el rostro y los brazos, con consecuencias estéticas que se arrastran por mucho tiempo.