Prólogos sin parar la derrota

CARLOS MAGGI

Madre: Son las siete y media. Giorgina II: Jorge, es un día precioso y no puedo aguantar el olor a flores. Tengo la nariz sensible, pienso en velorios. Me pasó cuando la equitación no pude tolerar el olor a talabartería que tienen los caballos.

Madre: No me confirmaste si en casa terminaron los sobres con la última lista. ¿Estaban prontas las invitaciones? ¡Es tardísimo!!

Giorgina II: Sí y me falta mucho.

Madre: Tenemos que pasar... por tres lados todavía ¡cuatro! si contamos que la novia tiene que vestirse. Debe ser tardísimo. ¿Son las siete y media, Jorge?

Jorge: ¿Volvemos?

Madre: No. Vamos directamente.

Jorge: ¿Adónde?

Giorgina II: A la peluquería, por supuesto.

Jorge: Me gustaría que te casaras para adentro... y no encrespándote. Yo, Giorgina...

Giorgina II: No es que quiera peinarme. Jorge, es más que eso. Necesito estilo.

Jorge: Me acuerdo de unos sillones azules que no eran de sentarse, estaba prohibido; eran para mostrar.

Madre: Nunca vas a entender a las mujeres, Jorge.

Giorgina II: Estoy cansada de mi cara, ¿sabías? Quiero ser otra, una mujer magnífica. No te rías. Quiero que al entrar yo, se toquen con el codo y digan: ¡Mirá eso! Quiero ser modesta y para tener modestia, primero hay que estar allá arriba, en un pedestal.

Madre: ¿Compraste los anillos, Jorge?

Jorge: Tengo uno.

Giorgina II: ¿Y el tuyo?

Madre: Tienen que tener cada uno el suyo.

Jorge: Para qué nos casamos, si vamos a tener anillos separados. Prefiero comprar un solo anillo y meterme en tu dedo.

Madre: Sólo se casan los que tienen anillos. Es parte del casamiento, si no…

Giorgina II: Puedo morirme de vergüenza.

Jorge: El anillo es un cero a la izquierda. En realidad, no traje nada.

Giorgina II: ¡Te olvidaste!

Jorge: Pregunté el precio del mejor anillo del mundo. El diamante Betelgeuse engarzado en iridio. ¿Podía ofrecerle uno peor a mi elegida? ¿Qué tiene que ver todo eso con lo que nos pasa?

Giorgina II: Está la gente en la iglesia, esperándonos, y ahora se te ocurre...

Madre: Son las siete y media. La hora que dice la invitación.

Giorgina II: Debo apurarme. Hoy todo se hace inolvidable. Desde la mañana estoy pensando en el dobladillo de la falda. Es una imagen que me va a quedar, el ondulado del rulé en el ruedo. ¿Estará bien cosido?

Madre: ¿Ves lo delicada que es esta criatura, Jorge?

Jorge: Cuando se esté casando de veras no va a tener vestido de novia ni ningún otro. Te quiero desnuda, vida mía.

Madre: Eso es un insulto.

Giorgina II: Me gusta. Es excitante. Pero debe ser tardísimo, Jorge. ¿Qué hora es? Todavía debo probarme los zapatos. Tienen que ser blancos, con taco ocho, fino, tipo francés de cabretilla y número treinta y tres. Un modelo sencillo, por favor.

Jorge: Todo lo contrario. Van ser zapatos de princesa, para pisar escalinatas y enamorar. El zapato derecho tiene que ser perfecto como tu pie, pero el izquierdo sobre el cual pisa tu corazón, lo elegimos un poco grande, capaz de salirse y quedarse perdido sobre los grandes peldaños de mármol del palacio, cuando se baja corriendo.

Giorgina II: Te pregunté ¿qué hora es?

Jorge: Es medianoche de las siete y media y al dar las doce, se acaba el encantamiento.

Madre: Tiene razón ella.

Giorgina II: (Lo sacude) Es la hora, Jorge. Está escrito.

Madre: Hay que apurarse. Todavía nos quedan: la manicura, el depilador, el cosmetólogo, la macrobiótica, la lencera, la bordadora, la modista, el coiffeur, la limousine, el homeópata, los fotógrafos, el baño facial, la acupuntura, la misa de velaciones, la foniatra, el dermatólogo, el horóscopo, el sicoanalista, el ginecólogo y el Banco de los regalos colectivos.

Giorgina II: Y antes de eso tengo que bañarme, perfumarme, pulirme, cortarme, subirme, apretarme, pintarme, incrustarme, decorarme, escotarme, agraciarme, serenarme, sentarme, caminarme, detenerme, erguirme, empolvarme, sombrearme, colorearme, embellecerme, disimularme, adelgazarme, arreglarme, trucarme, adornarme, insinuarme, olvidarme, sonrojarme, corromperme, emocionarme, contenerme, contonearme, mirarme, decidirme y hacerlo.

Madre: Ante todo, el ramo de azahares.

Giorgina II: Y el velo de novia.

Madre: Y el gesto tranquilo

Giorgina II: Y el paso seguro.

Madre: Y el sí que te piden.

Giorgina II: Y hacerse fotos.

Madre: Y estar sonriente.

Giorgina II: Y andar con la cola.

Madre: Y mirar a Jorge.

Giorgina II: Y besar a todos.

Madre: Y brindar alegre.

Giorgina II: Y mostrarme hermosa.

Madre: Y pensar en nada.

Giorgina II: Y sentir muy poco.

Madre: Y estar como ausente.

Giorgina II: La novia perfecta

Madre: Tranquila. Maciza.

Sin nada que turbe

Solitaria, fría

Hecha de piedra

Giorgina II: Dios mío, es tarde, ¿qué hora es?

Jorge: No queda tiempo para casarnos. Son las siete y media. Pero no importa. Hoy cumplimos con las obligaciones sociales y dentro de cinco años vemos qué se hace.

COMENTO: Este paso de comedia expresionista, lo vivimos cada día en el mundo real, aquí y ahora, donde todo se posterga porque hay algo que hacer primero; y de ese modo queda para después lo que más importa, postergado por generalidades encadenadas.

Si una profesora encara el Plan Ceibal, exige que primero se saque a los niños de la pobreza y se pongan vidrios en las ventanas de los liceos y que después se atienda a la formación de los profesores, antes de comprar la primera computadora para combatir la brecha digital.

Si hay que superar la crisis energética (que nos hizo gastar mil millones de dólares en gasoil durante el 2008); la seguridad personal de las personas; la contaminación del medioambiente; o si se trata de la reforma del Estado, la solución no es estudiar o consultar a los que saben; se nombran comisiones que no se reúnen para que digan que estos problemas deben ser estudiados por nuevas comisiones que tampoco se reúnan.

Cuando a un líder político le preguntamos si los blancos y colorados deben unirse para adaptar la realidad al sistema binario que impone la Constitución, este amigo al cual tanto estimo, dice:

-Primero tenemos que fortalecer el compañerismo dentro del propio partido. Antes de pensar en alianzas con otros tenemos que cambiar nuestro discurso.

Y ante todo hay que atender a una nueva realidad sociológica. Se necesita una nueva integración social en todo el continente americano.

Cumplidos estos procesos, agrega: después que el desgaste del gobierno se profundice, se podrá abrir el campo a nuevas alianzas electorales.

Dan ganas de decir, con todo respeto: ¡No seas malo! Se trata de unirse para no perder.

Visite: www.concertaciónciudadana.org

Cada miércoles renueva su cartelera.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar