Jorge Larrañaga
Recientemente culminamos un proceso histórico en la vida de la república que vincula el acuerdo entre el gobierno y los partidos de la oposición.
El mismo consta de dos instancias de entendimiento. Por un lado la elaboración de documentos de base programática, sobre educación, seguridad, energía y medioambiente, a partir de los cuales los diferentes partidos aportamos nuestra visión sobre esos asuntos, con propuestas e iniciativas. Por otro, la integración de la oposición en los órganos directrices de entes autónomos, servicios descentralizados y la renovación de los organismos de contralor previstos en la Constitución de la república.
Es un hecho trascendente, con pocos antecedentes en el país. No es la primera vez que se pretende llevar adelante acuerdos de esta índole. Pero esta ocasión presenta particularidades, siendo la más notoria, que el gobierno electo teniendo mayorías parlamentarias propias, legítimamente constituidas, y pudiendo amparase en ellas, no lo hizo.
Participamos en febrero del año 2005 en entendimientos similares, que lamentablemente quedaron por el camino. No son una novedad. Por tanto cabe la siguiente pregunta, ¿es suficiente este acuerdo? La respuesta la dará el tiempo, pero corresponde hacer algunas puntualizaciones. Este acuerdo es importante hoy, por la forma, por haberse arribado al mismo eligiendo priorizar los puntos coincidentes entre los distintos partidos; pero su real significado debe evaluarse en el futuro. Su justificación estará dada si su contenido, si su sustancia se traduce en hechos y soluciones tangibles. Será trascendente e importante sólo si la educación pública deja el rezago, si deja de ser residual y logramos tener una sociedad que brinde plena igualdad en el acceso a la educación como forma moderna de traducir aquella vieja consigna de alcanzar igualdad de oportunidades. Será suficiente si los uruguayos vivimos sin miedo, si la gente puede estar tranquila en su lugar de trabajo, sin el temor a ser rapiñada; si quienes trabajaron toda su vida alcanzan una jubilación digna y decorosa; si los jóvenes tienen trabajo y posibilidades de superación; en fin, si a los uruguayos, desde la política, le damos respuestas y soluciones. La democracia debe servir no sólo para que la gente vote sino también, para que la gente crea.
Los políticos no tenemos derecho a trasladarle a la gente problemas ni diferendos nimios, intrascendentes, de política menor.
Por eso es que nos parece, a riesgo de parecer ingenuos, sumamente positivo este entendimiento. El camino del acuerdo le da credibilidad a la política, pero las respuestas son imprescindibles para la calidad de la democracia.
Sin respuestas, este acuerdo será otro ejercicio meramente dialéctico. El sentido de la política, y de la democracia como sistema de gestión del poder, radica a mi entender, en la capacidad de resolver las urgencias ciudadanas.
Sobre esa base es que los representantes del Partido Nacional concurrirán a las responsabilidades de gestión. El espíritu será de colaboración crítica, porque nos anima la actitud propositiva, de buena fe, de aportar a la construcción de un mejor destino nacional.
Esa actitud es complemento de la tradicional y natural función de contralor, de fiscalización que la oposición lleva incorporada. No habrá mengua ni retaceo en esa función primordial de la oposición, siendo celosos custodios de la acción de gobierno.
Por el contrario, se le suma a la ciudadanía una nueva garantía, la oposición va a tener mejores elementos para desarrollar la tarea de control. Pero también al gobierno le será útil, porque se le incorpora otra visión en la gestión, y como siempre hemos sostenido, un gobierno aprende más de la alerta de la oposición, que de la lisonja del compañero, porque la autocrítica suele ser mucho más indulgente y benévola que la crítica.
En definitiva estos acuerdos son un buen comienzo, constituyen elementos básicos para implementar políticas de Estado y marcan una nota diferencial del sistema político nacional. Es consecuencia de la madurez republicana, de la responsabilidad cívica de los partidos de nuestro Uruguay. Creo en eso por encima de los escepticismos que refieren a los "no se puede" que se transforman en un freno insuperable.
Nuestros representantes en los organismos públicos colaborarán en todo cuanto puedan, sin amputarse la capacidad de propuesta, pero además se señalarán los errores que se aprecien. Vamos dispuestos a construir, a mejorar, a buscar que las cosas se hagan.
Colaboración crítica, así se resume nuestra postura, porque la responsabilidad no es con el gobierno de turno, con las autoridades que pasan, es con los uruguayos que quedan, con la población en su conjunto.
Téngase la plena certeza, que lo que es bueno para el país, venga de donde venga, para el Partido Nacional es obligación y deber.