Inspectores municipales de tránsito de todo el país, se reunieron en Fray Bentos y formaron lo que han dado en denominar "Secretariado Nacional de Inspectores Municipales". Según ha trascendido, exigirán que el Congreso de Intendentes reglamente y aplique la Ley de Tránsito, unifique criterios para la fiscalización de patentes y que se reconozca su función, recibiendo salarios acordes.
No parece mal que todo esto sea implementado, pero es evidente que hace falta mucho más, para que el tránsito del Uruguay sea encauzado debidamente. Y gran parte de eso que hace falta se encuentra en manos de los inspectores, que necesario es decirlo: no siempre cumplen su función con corrección.
Lejos estamos de justificar las agresiones físicas sufridas por ellos en reiteradas oportunidades. Las golpizas y otras formas de violencia, no son la manera correcta de expresar discrepancias con las conductas de los controladores de la circulación vehicular. Pero aun así los incidentes son el reflejo de una realidad: los inspectores no siempre demuestran idoneidad para tratar con el público.
Su función básica es educar y corregir, con imprescindible don de gentes. No meramente aplicar multas a quienes ellos entiendan que han violado reglamentos de tránsito. Multas que se desploman sobre el afectado sin diálogo, sin la docencia que debería ser emblema de la competencia funcional.
Los inspectores han procurado custodia policial y caminan de a dos o tres, en aparente modalidad precautoria. Pero esto justamente demuestra que falta una nueva manera de actuar, falta un estilo más humano, que apunte hacia un diálogo constructivo con los usuarios de la vía pública.