El aumento de la inseguridad en nuestro país ha alcanzado niveles impensables.
Ciudades del Interior son asoladas por los robos con total impunidad e inoperancia policial, como es el caso del balneario rochense La Paloma. Antes, un lugar familiar, tranquilo y apacible, ahora un sitio donde la modalidad del robo nocturno de casas, con sus moradores adentro, es realidad cotidiana.
La fuerza pública se muestra incapaz de detener a los responsables de esta ola delictiva que ha sido constante desde el verano, algo que extraña sobremanera considerando las pequeñas dimensiones de La Paloma. A ello hay que agregarle las reducidas vías de entrada y salida que posee -pensando en delincuentes foráneos-, la escasísima población permanente que tiene y el amplio conocimiento de personas y actividades característico de estas comunidades.
Estamos hipotecando una de las ventajas comparativas que tenía nuestro país con respecto al resto: la seguridad.