Blancos y negros dividen el mundo

JORGE ABBONDANZA

El Estatuto de la Igualdad Racial fue aprobado el jueves 17 por el Congreso brasileño. Se trata de la primera ley que ese país discute a nivel parlamentario sobre la equiparación de derechos entre gente con distinto color de piel, 122 años después de la abolición de la esclavitud. Allí no todo es tan igualitario ni armónico como lo sugieren las telenovelas brasileñas, en las que parece haber una perfecta convivencia entre las razas. Lo que dice la realidad, en cambio, es que la gente de color representa el 51% de la población de Brasil, pero esa mayoría ocupa apenas el 2% de las bancas legislativas y llega sólo al 1% entre los profesores de la prestigiosa Universidad de San Pablo.

La igualación entre raza dominante y raza sometida, ha sufrido un largo proceso desde los tiempos siniestros del tráfico de esclavos. Esa evolución ha sido difícil no sólo en Brasil, porque también en Estados Unidos debió pasar un siglo entero desde las normas abolicionistas de Lincoln, para que el Congreso votara la ley de Derechos Civiles que en 1964 permitió finalmente que los negros obtuvieran un nivel de igualdad para poder utilizar los mismos gabinetes higiénicos, los mismos colegios, las mismas peluquerías o los mismos asientos en los ómnibus que monopolizaban sus vecinos blancos.

Un reciente y asombroso reflejo de la segregación tuvo lugar a fines de 2007, cuando los indígenas sioux rompieron los 33 tratados firmados con el gobierno norteamericano desde mediados del siglo XIX, porque los blancos "no respetaron esos textos, convirtiéndolos en palabras sin valor sobre un papel sin valor". Los sioux acusaron a las autoridades de Washington de "robar nuestra cultura, nuestra tierra y nuestras costumbres", en un conflicto que resulta bastante inesperado en el siglo XXI de Barack Obama.

Las muestras de racismo surgen por todos lados. En 1924, las fuerzas armadas argentinas reprimieron salvajemente una huelga de braceros aborígenes en la provincia del Chaco, que pedían ser pagados con dinero y no con vales de alimentos sobrevaluados. Masacraron a más de 400 utilizando ametralladoras, aunque los caciques fueron castrados y empalados, mientras las mujeres resultaron violadas y mutiladas. Ochenta y cuatro años después, las autoridades pidieron perdón por la carnicería. Lo hicieron en enero de 2008, aunque once meses más tarde se produjeran 22 muertes por desnutrición en esas mismas comunidades.

El color de la piel tiene una fuerza capaz de resistir los propósitos integradores de la legislación. Habrá que ver cómo funciona en Brasil esa buena voluntad, aunque la Historia enseña que las intenciones suelen ser más luminosas que la realidad.

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