REBAR
A Isabel II ya no le cabe un dolor de cabeza más, debajo de su sombrero. La última cefalea la atacó furiosamente cuando se enteró de que su ex nuera -Sarah Ferguson- volvía a ascender al podio de los escandaletes. Conviene recordar algunos datos de la protagonista.
Actuando de "Celestina" la mismísima Lady Di, Sarah conoció al príncipe Andrés, segundo hijo varón de la soberana, y 4° en el marcador del Clásico "Waiting for you", que tiene como premio una Corona: al tope figura el príncipe Carlos, seguido de sus hijos William (2°) y Henry (3°). Todos ellos se entretienen y hacen tiempo leyendo los veinte tomos de la Enciclopedia Británica, atesorados en la biblioteca de Buckingham. Flechados por Cupido, que los perforó hasta dejarlos como ralladores, Andrés y Sarah se casaron en 1986 en la Abadía de Westminister, y diez años después se divorciaron en cualquier lado. El cronista social que, el día de la boda, dijo que se unían dos almas para amarse eternamente, quedó como un estúpido.
La separación pareció inevitable desde el momento en que Andrés tuvo acceso a un álbum fotográfico de festicholas, y ubicó a una mujer de "cara conocida" que resultó ser su esposa. Primero, la sacó por el parecido; y luego, la sacó a puntapiés. No quiso confesarlo, pero quedó tan afectado y confuso, que por unos días hasta pudo pensar. A fin de ayudarlo a asimiliar el contraste, al no saber qué hacer con él le designaron Representante Especial de Comercio e inversión del Reino Unido: tan unido, que el cargo no lo desunió del todo de Sarita, manteniendo con ella una relación estrecha, adjetivo prolijamente seleccionado por ella para fijar las diferencias con las amplitudes que supo disfrutar junto al principito "de las Malvinas".
Había otras estrecheces que angustiaban últimamente a la Sra. Ferguson, que declaraba en dramática síntesis a quien quisiera oírla sin ánimo de asistirla: "No tengo un centavo"... hasta que apareció un periodista -disfrazado de hombre de negocios- que le pidió que fijara honorarios para el caso de que ella le facilitara un encuentro con el príncipe Andrés. Sarah -reparando en que al día siguiente tendría que comprar pan- dijo con la cautivante sencillez de las aspiraciones modestas: "500.000 libras... y si lo desea, hasta podrá jugar al truco con Andresito". Trato hecho. El acto en que recibió como anticipo de pago unos 40.000 dólares -que guardó en su cartera modestamente, como si fuera un boleto capicúa- fue registrado por una cámara oculta, que lo fue hasta que la descubrió el dominical "News of the world" y la mostró frente a la voracidad pública.
Ahora, a Sara Ferguson la apodaron "the coimera".