Decálogo municipal

Parece oportuno que las nuevas autoridades municipales a punto de asumir su gestión en Montevideo, tomen en cuenta algunos aspectos propios de esas áreas, que sin embargo han quedado pendientes al cabo de veinte años de administración frenteamplista. Se trata de cuestiones ineludibles para una Intendencia, sobre las cuales se ha hablado mucho y se ha hecho poco o nada. Con tales asuntos puede confeccionarse un decálogo para uso de la titular que encabezará dentro de unos días ese hipertrofiado municipio.

1) los asentamientos irregulares siguen creciendo y hasta el momento representan una batalla que las autoridades van perdiendo, lo cual desmiente sus discursos de índole social. Allí siguen sobreviviendo decenas de miles de personas sin saneamiento y sin servicios formales de luz o de agua. No hace falta agregar que en esa periferia se genera buena parte de la delincuencia que afecta a Montevideo, como fruto de un entorno excluyente y desintegrador.

2) el desfile de carros hurgadores también crece, con su esperpéntica imagen y sus menores de edad a bordo, dedicados a sumergirse en contenedores y revolver la basura, gracias a la indulgencia oficial frente al tema. Semejante espectáculo integra el cuadro de una capital que se dice turística, incluye el sacrificio de los caballos y no admite excusas de ningún orden para su imperdonable funcionamiento, tolerado en nombre de problemas socioeconómicos que deberían resolverse de otra manera. Con tal situación, las autoridades fomentan lo que pretenden combatir.

3) la burocracia municipal no ha logrado simplificar infinidad de trámites que siguen siendo largos y engorrosos para el ciudadano. Esa masa de funcionarios comprende sin embargo unos 8.000 asalariados cuyos haberes se ajustan de acuerdo al 100% del IPC.

4) la proclamada descentralización sigue pareciendo un espejismo. Invocarla, empero, resulta mucho más útil para la propaganda oficial que para el beneficio de los usuarios.

5) la recolección de residuos no ha superado visibles carencias, a pesar de la intervención de una empresa privada y del servicio adicional que prestan en el caso los hurgadores. Allí hay otro fracaso municipal.

6) siguen faltando semáforos en esquinas importantes y a lo largo de calles de tránsito desbordante en horas pico. En esas esquinas también faltan muchas veces los carteles con el nombre de las calles, dato que el observador debe adivinar. Hay que remediar ese descuido, porque la Intendencia no debe olvidar los esmeros que el ciudadano merece a cambio de los abundantes tributos que paga.

7) algunas calles y avenidas ya no soportan la circulación en dos sentidos y exigen ser flechadas, aunque eso no ocurre, con lo cual se delega en los automovilistas el padecimiento y la demora de las aglomeraciones.

8) hay infinidad de calzadas deterioradas, donde el ocasional bacheado no es recurso suficiente. Sucede lo mismo con numerosas veredas de plazas y parques, por no hablar del abandono que afecta a algunos de esos espacios públicos.

9) el alumbrado sigue figurando como un punto flojo de Montevideo, donde la penumbra es una nota dominante del paisaje, permitiendo señalar que esa media luz también contribuye a la ascendente inseguridad de muchos barrios.

10) las bicicletas y motos -dos flotas que se multiplican velozmente- circulan a menudo en zigzag o incluso a contramano, ignorando toda norma de tránsito. Con ese fenómeno -que suele causar graves accidentes- colabora la indiferencia municipal, que no amonesta ni sanciona a los infractores, a pesar de que el 26% de los motociclistas carece de libreta de conducir, según dice un reciente informe.

Hay otros aspectos para agregar a las cuentas pendientes de la Intendencia, desde el tumultuoso folklore de Adeom o el escape venenoso de los motores sin ajustar, hasta las debilidades de la gestión cultural de esa comuna. Podría hacer falta un segundo decálogo para continuar la enumeración.

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