MATÍAS CASTRO
Uno de los grandes aciertos que tuvo la idea de Gran Hermano fue el haber dado en la tecla con lo que quería mucha gente: ser famoso de la noche a la mañana. Hasta que este programa no se popularizó, normalmente se entendía que lo único que se podía aprender eran los oficios tradicionales. Pero el programa cambió el concepto y convirtió la fama en un oficio que se puede aprender. La existencia de un reality show como Aprendíz de celebridad (Celebrity Apprentice en inglés), apadrinado por el millonario Donald Trump, es la mejor prueba de esto.
Hace algunos días Lindsay Lohan tuvo que aclarar que no aparecerá en la nueva temporada de Celebrity Apprentice. Lohan no tiene mucho para aprender en este oficio, por cierto. El suyo es un ejemplo para miles de personas que en todo el mundo sueñan con acceder a esa vida de dinero y lujos exclusivos. Por eso aquel rumor de que entraría en el reality show prendió tan rápido.
Los estadounidenses han inventado para esto una categoría llamada "celebutante". Se trata de la gente que irrumpe en el panorama de la farándula sin tener antecedente alguno. Es exactamente lo que quiere ser cualquier competidor de un reality show, ya sea Gran Hermano, Operación Triunfo, Britain`s got talen, Bailando por un sueño o cualquier otro. El celebutante es aquel que logra dar el salto y romper esa barrera que hasta no hace mucho parecía gigantesca y casi infranqueable.
Pero, engañosamente, es una categoría no tan fácil de alcanzar. Ejemplos típicos de celebutantes son, o fueron en su debido momento: Ricardo Fort, Paris Hilton, Kim Kardashian e incluso Abigail Pereira. Hay pocos lugares y, generalmente (salvo excepciones contadas), están reservados para quienes ya tengan ciertas aptitudes. O sea, para quienes tengan dinero, que es el común denominador de Fort, Hilton y Kardashian, a quienes la televisión y las revistas no les han cambiado gran cosa en los bolsillos. A las excepciones puede darles un cambio.