Idas y vueltas

Sin que esto pueda tomarse como un agravio a la persona o a la investidura, configura un hecho objetivo que el Presidente Mujica, con sus 76 años, satisfactoriamente celebrados el 20 de mayo pasado en la estancia de Anchorena, es el ciudadano de mayor edad al asumir el cargo. Una cronología de quienes lo han ocupado, tomando en cuenta esa circunstancia y sólo a titulares individuales, muestra que Latorre y Tajes tenían 34 años al hacerlo; Santos y Brum 35; P. Varela 38: Ellauri 39; Viera 42; Oribe y Bordaberry 43; Flores y Williman 44; Rivera y J. Suárez 46; Pacheco Areco y Batlle y Ordoñez 47; Lacalle, Herrera y Obes, Batlle Berres y Sanguinetti 49; Idiarte Borda 50; F. Vidal 53; Serrato y Baldomir 54; T. Vázquez 55; Berro 56; Terra 57; Amézaga 61; Cuestas, G. Pereyra y Gomensoro 62; Gestido 65; Martínez Trueba 66; Campisteguy 68; Giró 69; Berreta 71 y Jorge Batlle 73.

Aunque no puede decirse que el aumento de edad significó siempre un despliegue de sabiduría, tampoco puede discutirse que al actual titular correspondió la responsabilidad de fortalecer en sólo tres meses de gestión, la práctica de una discutible doctrina de marchas hacia atrás y hacia delante, condensada en esa conocida frase: como te digo una cosa te digo otra. Muchas veces como producto de sus propias contradicciones y otras de discrepancias internas con su bancada de Legisladores, de la cual es prisionero en vez de conductor y a la que debería consultar antes de largar al aire sus propuestas.

Hay que reconocer que también nació prisionero de una pesada tradición que le había impuesto a lo largo de cinco años el gobierno que le precediera, cuando, en junio del 2003, se opuso a dos proyecto de ley que el mismo Frente Amplio había promovido en la Legislatura anterior tendientes a crear un Fondo de Inversiones para Colonización y una reducción al precio de los combustibles en la frontera. Luego se agregaron otras decisiones como el nombramiento y cese a las pocas horas de Jefes de Policía en Rivera y en Artigas, o al Comisario de la 10ª de Punta del Este, o las exoneraciones a las ONG, o las reformas al Banco Hipotecario, o el operativo antiaborto, o la corrección del IVA en la salud, o la regulación del transporte por carretera, o los criterios para aplicar el impuesto de Primaria, o la regulación de la venta de los lentes de sol, o una propuesta para Fiscal de Corte, o los vaivenes con el gasoil productivo, o dejando sin efecto un artículo sobre el Correo, incluido en la Rendición de Cuentas que debió haberse estudiado bien antes de enviarlo, u otra dejando en suspenso un anunciado trámite tendiente a que AFE se asociara con capitales privados para el transporte de cargas, que también fue retirado de apuro a través de un mensaje complementario. Pero esa manera de actuar, él mismo la regó y cultivó devotamente, si se tienen en cuenta, -sin perjuicio de otros ejemplo que el lector pueda agregar por su parte- el caso de la utilización de las reservas del Banco Central para atender urgencias o para socorrer a AFE; o los arrestos domiciliarios a personas mayores de 70 años; o la internación preventiva obligatoria a los menores drogadictos, o el abandono (bueno) de su idea inicial de crear un Ministerio de Gobierno, para el cual hasta se había promovido ya un candidato, sin olvidar el más reciente paquete de nuevas medidas económicas, que un día se anuncian en Buenos Aires y otro se reiteran y se cambian en Montevideo dando margen a sorpresas en el campo económico y en el sector de inversores.

En varios casos, además, al pisar el pedal de freno, se recurrió a argumentos lamentables, como el caso de la libertad a los militares mayores de 70, a favor de la cual se invocaron, no razones humanitarias, sino evitar que alguno se le muriera en la cárcel y se lo convirtiera en mártir. Como si el morir en la casa o en el Hospital Militar los privara de esa condición.

Es de esperar que la coparticipación política que ahora se inaugura -no como un regalo del Frente Amplio sino como un derecho democrático de la oposición-, termine con ese modelo de auto que conduce a los tropiezos el actual gobierno.

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