El 31 de mayo, fuerzas especiales israelíes interceptaron en alta mar una flotilla de buques de terceros países que se dirigían a la Franja de Gaza, donde pretendían descargar suministros para su bloqueada población. Gaza tiene una población de un millón y medio de habitantes. En un confuso incidente, las fuerzas israelíes mataron a nueve de los pasajeros del buque insignia de la flotilla, el Mavi Marmara, de bandera turca.
La primera consecuencia del incidente fue que se suspendiera la visita del Primer Ministro de Israel a los Estados Unidos, donde debía reunirse con el Presidente Obama para darle nuevo impulso al diálogo de paz en Medio Oriente. El ataque también crispó las relaciones con Turquía, uno de los pocos países de la región con el cual Israel mantenía buenas relaciones. Turquía es un aliado estratégico de los Estados Unidos y miembro de la OTAN.
Por su parte, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenó la muerte de los activistas islámicos y exigió una pronta, imparcial, creíble y transparente investigación de lo acontecido.
El gobierno de Israel rechazó la exigencia de una investigación internacional, pero ahora ha anunciado dos encuestas internas, una a cargo de un equipo de militares y otra encargada de analizar si el bloqueo israelí cumple con el Derecho Internacional y si es posible conseguir los mismos objetivos por otros medios.
Pero, quizás, la consecuencia más importante del episodio es la decisión de Egipto, de abrir por tiempo indefinido su frontera con la Franja de Gaza. Ello disminuirá considerablemente la eficacia del bloqueo impuesto por Israel y, sumado a los demás acontecimientos, puede forzar un cambio en la controversial estrategia de este país.