Tragedia diaria

Álvaro Casal

Era la hora en que el sol empieza a deslizarse tras el "palo borracho" de la Plaza Independencia en la ciudad de Mercedes.

El atardecer, cuando muchos mercedarios vuelven a casa, con los niños que recogieron en la escuela. Entonces, sentado frente al hotel Brisas del Hum, empecé a ver decenas, tal vez cientos de motos que pasaban en alegre desfile. Pero noté algo: casi ningún motociclista lucía casco. Tal vez algunos niños sí, pero los demás, cero. Y eso que ciertas motos llevaban hasta dos adultos y dos niños a bordo, apretados como sándwiches.

Es decir que el alegre desfile de gente de todas las edades tenía un trasfondo no tan alegre: el de los posibles accidentes de todos los que viajaban sin protección y hasta a veces con una sola mano en el manillar, pues la otra sostenía el mate.

En Uruguay, los accidentes de tránsito, por diversos conceptos, representan un gasto de mil millones de dólares al año. Esto, sin contar el costo en vidas humanas.

Y lo de Mercedes se repite por doquier. Mucho conspira para que se mantenga esa desidia, que es una de las vertientes de esta tragedia nacional que tiene tantas facetas. Como la de la niña que paseaba en un ómnibus escolar y al volcar éste, murió. Como la de todos los fines de semana donde el alcohol y las drogas conducen a excesos. Como la de las "picadas" ilegales.

Decíamos que mucho conspira. Hasta está el factor económico. Los que usan motos, en su enorme mayoría preferirían usar autos. Y si los autos tuvieran los más modernos dispositivos de seguridad, mejor.

Pero vivimos en Uruguay, donde no es raro que en el precio de un auto nuevo, alrededor del 40% derive de la carga impositiva.

Donde la nafta es la más cara de América. Donde para abaratar el precio del auto nuevo, en muchos modelos se eluden los adelantos como el "air bag" o el ABS (sistema antibloqueo de frenos).

Donde las patentes suelen ser exorbitantes y se cobran aunque el vehículo no circule. Donde los inspectores de tránsito se ocupan más de que la gente pague esas patentes que de la seguridad de la circulación.

Es así pues que el drama de los accidentes de tránsito, el drama de los muertos y heridos, es algo multifactorial y que no tendrá solución hasta que todos los uruguayos encaremos lo que en el asunto nos compete. Y a todos nos compete algo.

Algo que está más allá de lo mencionado más arriba como mero ejemplo. Hay gente más evidentemente involucrada pero, ¿acaso no hay también una responsabilidad educativa a nivel de escuelas y liceos? Recordemos que podríamos tener algo parecido a la educación vial que se brinda en liceos estadounidenses, donde el estudiante que egresa lo hace no sólo con su título de bachiller sino también con su licencia de conducir, que demuestra que está capacitado para manejarse en la abigarrada jungla del asfalto.

En EE.UU. hay también accidentes. Pero extrañamente, en proporción más reducida que la de nuestro país, a pesar que Uruguay tiene una concentración vehicular menor.

Algo para meditar.

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