Expectativa y cautela

ALFONSO LESSA

Finalmente Anchorena fue escenario de una cumbre entre los presidentes de Uruguay, José Mujica, y de Argentina, Cristina Fernández.

Tres años atrás el mismo lugar pudo haber sido el ámbito en el que se pusiera fin al conflicto bilateral.

Los presidentes eran Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner y los términos de referencia del acuerdo estaban casi prontos; sin embargo su firma y la reunión preparada en Anchorena se postergaron primero y luego se suspendieron definitivamente.

A partir de la asunción de Mujica, del fallo de La Haya y del retiro del veto a Kirchner para presidir la Unasur, las relaciones entre los gobiernos viven un notorio cambio de clima, el que se expresó en Anchorena. Aunque en las conversaciones entre los ministros que acompañaron las delegaciones, no todo fueron mieles.

La sucesión de encuentros entre Mujica y Cristina K pueden tener más de una lectura. Hay incluso dentro del oficialismo quienes miran de reojo y piensan que se ha avanzado muy poco en temas como el piquete sobre el puente, el pasaje del gas boliviano por Argentina y el dragado de canales. Otras miradas son más optimistas.

Parece claro que los presidentes siguen ganando tiempo para lograr quebrar a los piqueteros. Es decir que, en algún sentido existe una estrategia común y eso no es poco. Además comenzaron a imponerse plazos, como el que refiere a los criterios para el monitoreo de todo el río Uruguay y no sólo a UPM.

En Anchorena, la mandataria argentina dio algunas señales de lo que puede venir: rechazó el corte que su propio esposo había alentado y transfirió la responsabilidad del asunto a la Justicia. Esa actitud de Cristina K busca alejar el conflicto y las eventuales consecuencias del desalojo del puente de la Casa Rosada, pero al mismo tiempo exhibe con claridad el manejo político del conflicto y de la propia Justicia.

La presidenta se esforzó en mostrar buena voluntad pero no dijo toda la verdad. En su ADN, aseguró, no existe el ánimo de reprimir. Y si bien es cierto que los cortes se han transformado en un modo de protesta que perturba la vida cotidiana de los habitantes de Argentina, sí han existido episodios de represión; como en Santa Cruz con una movilización que terminó con una docente en el CTI, como en un paro del subte y como ocurrió durante el conflicto del campo, en el que fue preso el ruralista De Angeli. Sin contar, por supuesto, la violencia oficialista de barrabravas y de matones como D`Elía, sentado en los actos públicos junto a la presidenta.

Mujica ha optado por una estrategia de acercamiento que tal vez sea la única posible en las actuales circunstancias. Los antecedentes de los interlocutores, sin embargo, obligan a la cautela extrema y hasta a la desconfianza. Más aun cuando en Argentina se vive un año preelectoral caliente y se tejen alianzas políticas de consecuencias imprevisibles, tanto a favor como en contra del precandidato Néstor Kirchner.

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