Preciosas vejeces que trae la pantalla

JORGE ABBONDANZA

Una de las gratificaciones que el espectador puede obtener de la marejada cinematográfica que inunda la televisión para abonados, es la aparición de viejas y queridas películas, capaces de resucitar algunas emociones igualmente viejas y queridas. Claro que también existe el invasor universo del DVD para reencontrarse con el pasado, pero esa fuente de abastecimiento es ajena a la estricta intimidad doméstica que sólo se activa cuando el espectador oprime un botón y la pantalla ilumina su oferta en el encierro hogareño. Desde luego que en dicha oferta abunda la basura, con demasiadas películas de la resaca hollywoodense que algún alma piadosa del otro hemisferio debería reservar para el consumo interno, pero es preciso armarse de coraje para descubrir alguna perla entre tantas ostras vacías.

Una de esas perlas puede tener casi 50 años y llamarse El Gatopardo (que se emite nuevamente el jueves 24 por Citystars) porque los esplendores viscontianos brillan ahí como si fueran nuevos, para contar la historia familiar que armó Lampedusa sobre el crepúsculo de la aristocracia siciliana bajo el impacto del Risorgimento. El oído del espectador puede deleitarse con los compases del valsecito de Giuseppe Verdi -inédito cuando filmaron la película- que acompaña la gran fiesta del final, mientras el príncipe Salina presiente la cercanía de la muerte.

Otro reencuentro puede tener 70 años y titularse El halcón maltés, donde el debut del director John Huston recorta en blanco y negro una intriga por donde pasean Humphrey Bogart y Mary Astor, escoltados por la voz chillona de Peter Lorre y el enorme vientre de Sydney Greenstreet. Pero la perla puede incluso tener cerca de 80 años y llamarse Un ladrón en la alcoba (que se repite en la madrugada del martes 29 por TCM), comedia dirigida por Ernst Lubitsch en 1932 donde dos asaltantes de guante blanco -Herbert Marshall y Miriam Hopkins- amenazan a la elegante Kay Francis con apropiarse de sus joyas. Ese modelo de comedia mundana permite al público de hoy (el de otro siglo) descubrir lo que fue el género de humor en el cine norteamericano de la edad de oro.

También por TCM pudo echarse un vistazo a la recopilación de antiguas -y a veces gloriosas- películas de John Ford, mientras el propio realizador formula algunas opiniones ante la cámara y las estrellas que dirigió (Henry Fonda, John Wayne, Maureen O`Hara) agregan elogios sobre ese creador, entre retazos de sus aventuras del Oeste y algún fragmento de la imborrable Qué verde era mi valle, sin olvidar a la inesperada Katharine Hepburn, que también recuerda su experiencia con Ford en el rodaje de María Estuardo, y sin excluir a los colegas (Scorsese, Eastwood, Spielberg) que intentan definir la poesía del maestro. Presionar el botón y sentarse delante de la pantalla, es una manera de hacer frente al naciente invierno de 2010, y de paso una forma de disfrutar lo que se ve con auxilio de la nostalgia.

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