ALEJANDRO NOGUEIRA
La presidenta argentina vino y dijo que no está en su ADN reprimir los cortes piqueteros y, el fardo que le tiró José Mujica -que el bloqueo es su problema- hizo que otro gen presidencial se lo transfiriera a la Justicia argentina.
Cristina Fernández, incluso, citó que "hay gente del Alto Tribunal de Justicia que piensa que el corte no es ilícito, pero sí ilegítimo", sin que quedara claro si hacía suyo ese pensamiento y por eso no reprimía lo ilegítimo. "En la Argentina no hay ningún condenado por cortes, desde los más violentos hasta los más inofensivos, esto es a mi criterio una deficiencia del sistema que no me sería imputable", dijo desde el gen de la desmemoria.
No sólo se reprimieron piquetes en ocasiones y hasta hubo procesados. También existió la orden de un juzgado de Colón que en su momento dispuso que no se cortara el puente en base al cual la Gendarmería ha actuado cada vez que se intentó cerrar el puente con Paysandú. Y el propio juzgado de Concepción del Uruguay dio, en su momento, una orden similar que nunca se ejecutó. Cualquier mal pensado uruguayo puede sospechar que en la "separación de poderes" que existen en la institucionalidad argentina, desde algún lugar del poder se habilitó que una disposición judicial se cumpliera y se mantuviera incumplida en otro.
El discurso de Fernández hace pensar que el gobierno argentino parece más dispuesto a parapetarse tras una decisión judicial que en tomar cartas administrativas en el asunto, como suele hacerse ante cualquier contravención que afecte los derechos de libre circulación de las personas u otros, sin necesidad de esperar que un juez actúe de oficio.
La amnesia judicial de la mandataria abarca, también, el fallo del Tribunal Arbitral del Mercosur.
En suma, todo indica que, por ahora, la situación en la ruta 136 permanecerá incambiada a menos que el juez federal de Entre Ríos disponga el levantamiento del corte y la Gendarmería esté dispuesta a actuar (y la dejen), sin que necesariamente esto se transforme en un baño de sangre.
Además del corte, está la cuestión de monitoreo ambiental del río, que luce más factible de ser acordado, y es algo sustancialmente positivo para la ecología del curso de agua. Esto sólo puede frustrarse si Argentina se emperra en entrar a la planta o si Uruguay quiere evitar los controles atmosféricos por leguleyerías, en base a un tratado que tiene 35 años, cuando había una percepción más superficial sobre la ecología. Controlar y confirmar que la planta no contamina como sostiene Uruguay, sólo le aporta más sinsentido, si cabe, al discurso de los asambleístas.
Aún es temprano para evaluar si del encuentro de Anchorena sentó las bases para una "nueva vecindad" entre ambos países. En todo caso, el escenario es mucho más promisorio. Los acuerdos que se construyan deben, en todo caso, no depender de los genes gobernantes. Y a los cromosomas K no les queda tanto.
Para Uruguay el corte es una fístula, pero el Martín García es una obstrucción coronaria.