KINGSTON | SHAUN TANDON-AFP
En los barrios marginales de Kingston las cosas están poco claras: todo el mundo odia a la policía, desprecia a los políticos y las bandas criminales se matan entre ellas.
Y para muchos, el único que podría devolver la paz es el rey del reggae: Bob Marley. El único problema es que Bob Marley, el jamaiquino más famoso del mundo, murió hace 30 años.
Después de una semana de violencia causada por el asalto al bastión de un jefe narcotraficante requerido por Estados Unidos y que dejó más de 70 muertos, muchos se acuerdan con nostalgia del pacifismo del cantante.
"Jamaica necesita un nuevo Bob Marley, un líder carismático", asegura Prince Alla, 60 años y músico. Alla considera que los políticos son responsables del mal momento que atraviesa el país, "nos llenan de alcohol en el momento de las elecciones y luego nos abandonan". "Hoy en día muchos músicos hablan del problema sin abordar la solución y se convierten ellos mismos en el problema", explica refiriéndose a una nueva generación de cantantes que glorifican la violencia.
Marley fue víctima de la violencia entre bandos políticos en su país y en 1976 resultó herido de bala junto a su mujer en un ataque cometido por pistoleros cuando organizaba un concierto gratuito en Kingston para promover la reconciliación nacional y la paz.
Todavía hoy los jaimaiquinos más pobres tienen presente la letra de una de sus canciones Get up, stand up, que los incitaba a luchar para obtener sus derechos.
Pero Trench Town, el barrio de Kingston inmortalizado en la canción No woman, no cry, ya no tiene nada de romántico. Los perros errantes y las cabras mastican los escasos alimentos que consiguen en los basureros desbordados, entre una alcantarilla rota y un baldío donde los niños juegan al fútbol.
Los soldados han instalado puntos de control en las entradas del barrio, porque cerca de allí, en Tivoli Gardens, se encuentra el refugio del jefe narcotraficante Christopher "Dudus" Coke, buscado por la policía jamaicana y requerido por la Justicia estadounidense.
Las cosas han empeorado desde la desaparición de Marley. "Cuando Bob estaba vivo no teníamos todos estos problemas. Éramos pobres pero ricos espiritualmente", constata Sophia Dowe, de 41 años.
Pero hoy en Trench Town, donde todavía se conserva la casa del cantante y su esposa Rita, la tasa de desempleo ronda el 60%.
Otro habitante de la zona, Richard Freeman, considera que Marley podría contribuir a cambiar las cosas: "La gente es más agresiva que en su época. Nadie se atreve a decir nada por miedo a terminar en el bando incorrecto".
Algunos residentes pasan el fin de semana al sol, fumando marihuana, tomando ron y bailando dance-hall, una música mucho más rápida que el reggae de Bob Marley. Pero los jóvenes no olvidan a un músico que "se inspiraba de la realidad en canciones que nos hicieron célebres", dice Odane, un chico de 16 años. "Pero como Bob no está muchas cosas son diferentes", concluye.
La historia que siguió
El 6 de febrero pasado Marley hubiese cumplido 65 años, lo cual también es una forma de valorar una obra que se hizo en un tiempo muy breve, ya que el artista murió a los 36 años a raíz de un tumor cerebral. Los 65 años del creador fue la excusa que dio la disquera Universal para editar por primera vez en la región, diez discos considerados claves para la historia del reggae. Los amantes del género encontrarán en la colección trabajos de Peter Tosh, Junior Murvin, Jimmy Cliff y de grupos como Black Uruhu, Steel Pulse, Toots & The Maytals y Third World.