El episodio en el que tropas israelíes atacaron a un convoy que pretendía romper el bloqueo marítimo en torno a Gaza, y que dejó nueve muertos, solo puede ser calificado como algo lamentable, que traerá aparejadas consecuencias trágicas.
Para empezar el hecho ha dado por tierra con los intentos del presidente Obama por reflotar el proceso de paz en la zona. Por otra parte, ha desatado la indignación de Turquía, país del cual son la mayoría de las víctimas, y que era hasta ahora una de las pocas naciones musulmanas con buenos vínculos con Israel, además de ser miembro clave de la OTAN.
Si bien no está claro cómo ocurrió el hecho, y las autoridades israelíes han difundido un video donde se ve que sus soldados son atacados por los supuestos activistas humanitarios, ello no es suficiente como para justificar el desenlace.
Se trata de un buque que navegaba en aguas internacionales, con gente aparentemente desarmada, que fue abordado en plena noche por tropas armadas a guerra. El ejército israelí es uno de los mejor preparados del mundo, debió prever los acontecimientos y haber actuado de una manera más mesurada. De hecho, la prensa israelí ha criticado con saña al premier Netanyahu y al ministro Barack, cuya actuación ha sido calificada de "estupidez" y al que se reclama presente su renuncia.
Israel tiene derecho indudable a existir, a defender su territorio y a sus ciudadanos. Pero este tipo de episodios so-lo le generan rechazo y aislamiento internacional. Incluso de parte de quienes siempre han defendido su posición, y su estatus de única democracia real en Medio Oriente.
Una tragedia lamentable, y evitable, que es de esperar no desate nuevos episodios de violencia.