REBAR
Después de su apabullante triunfo electoral, Medioevo Morales agregó algunos capítulos de civilización a su amena biografía. Frecuentemente apareció en fotos y en presencias televisivas, con la sonrisa bolivariana que le enseñó su maestro -el tío Hugo- ducho en el arte de reír hasta en los velorios.
Sin embargo, hay algo en que el gran docente debe admitir que el discípulo se le fue de la manopla: éste es un fanático del fútbol, y no deja de mencionar cuando la ocasión lo permite, que jugó en un partido amistoso no recuerdo con qué fines, junto al sucursalero de Dios en la Tierra (ya saben de quién hablo): lo habrá hecho de wing zurdo (no faltaba más) y un poco en homenaje a Mario Benedetti, autor del famoso cuento "el puntero izquierdo" (no faltaba menos). Pudieron haber constituido el ala que cambió la historia del fútbol.
Y a propósito de alas: cierto día, un funcionario de su confianza llegó al despacho del mandatario con un gesto que denotaba felicidad: se cuadró y dijo:
-Señor Presidente: usted ha dicho que, con esta reelección suya, se consolida definitivamente la revolución de los cambios, ¿no es así?...
-Sí, señor... Así es.
-Bueno, entonces... con el debido respeto, me permitiré observarle que debemos cambiar el avión presidencial...
-¿Cómo?... ¿Desprenderme de ese tesoro?...
-Si no lo hace, señor Presidente, se desprenderá de él en pleno vuelo, en cualquier momento...
-Pero, en un avión ruso... Yo me llevo "coca" con Putin...
-Escuche, señor Presidente. No podemos perdernos esta ganga. 38 millones de dólares y es nuestro. Estaba destinado al Manchester United y, a último momento, desistió de adquirirlo. Problemas económicos, tal vez... ¿Sabe lo que representaría el hecho de que usted le ganara al Manchester?...
-De veras. No había pensado en eso. Llame a Chávez de parte mía, y pregúntele si encuentra bien que nosotros hagamos este gastito... Ah, pero. Ese avión, ¿es de fabricación yanqui?
-No, señor Presidente... Es de fabricación francesa.
-Entonces, métale nomás... Chávez y yo tenemos grandes afinidades con Sarkozy...
-Lo sé, señor Presidente, lo sé... Lástima que no las tengas también con Carla Bruni.