Drama y violencia barrial con valiosos intérpretes

Edición. Se estrenó en DVD "Tus santos y tus demonios"

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Guillermo Zapiola

¿Alguien está dispuesto a creer que cuando madure, Shia LaBeouf va a adquirir el aspecto de Robert Downey Jr.? Superada esa disyuntiva es posible apreciar "Tus santos y tus demonios", película que se ha editado recientemente en DVD.

De acuerdo, LaBeouf, quien tras hacer esta película adquiriría una mayor notoriedad con Paranoia, la saga de Transformers e Indiana Jones y El reino de la Calavera de Cristal no es probablemente la más adecuada elección de "casting" para el papel de joven problemático que le toca encarnar aquí. Con menos tiempo de pantalla, Downey se muestra de todos modos, una vez más, como un actor mucho más versátil y seguro de sí mismo. Pero esa es, en todo caso, una pequeña objeción para una película que tiene méritos a tener en cuenta.

No es difícil sospechar que hay mucho de autobiográfico en esta película escrita y dirigida por el independiente y debutante Dito Montiel, quien efectivamente pasó su infancia y juventud en el barrio de Queens, Astoria, donde transcurre la acción, y adjudica el nombre de Dito al personaje doblemente encarnado por Downey y LaBeouf. De hecho, el film arranca cuando el protagonista ya maduro (Downey, claro) recibe una llamada telefónica de su madre (Dianne Wiest) que le informa que su padre (Chazz Palminteri) se encuentra gravemente enfermo. Para entonces, Dito es un autor exitoso, que ha escrito el libro en el que casualmente se basa la película, y cree haber dejado atrás totalmente un pasado conflictivo.

El retorno resucita, inevitablemente, algunos fantasmas de ese pasado. Una parte importante de la historia aparece narrada en "flashback", con datos de amistad juvenil, enfrentamiento de pandillas, amores primerizos, y un mecanismo de violencia y venganza en medio del cual el joven Dito se vio inevitablemente atrapado.

El film revela un atendible manejo de la herramienta cinematográfica por parte del novel director Montiel, quien durante un largo trecho al menos logra que las historias del pasado y el presente se integren y fluyan adecuadamente en paralelo (en algún momento, sin embargo, la línea "actual" parece tambalearse e interferir con la otra, que es la que en definitiva realmente importa).

La película tiene, empero, una carta que juega casi permanentemente a su favor: la solvencia del elenco, a la que solamente corresponde restar la ya mencionada inadecuación de LaBeouf. El director no solamente se las ha arreglado para reunir un grupo de espléndidos intérpretes, sino que ha sabido asignarles los papeles a los que podían sacarles más jugo, y los ha dejado bastante libres para ser "ellos mismos" con una particular convicción.

Basta ver, por ejemplo, la gama de emociones que pasa por el rostro de Dianne Wiest durante la secuencia de la llamada telefónica, o algunos de sus duetos con Palminteri, para advertir que actores y director saben perfectamente lo que están haciendo. Y el elogio no debe extenderse solamente a Downey sino también a varios de los jóvenes, en particular Martin Compson y Melonie Diaz, quienes imprimen a sus escenas una fuerza que podría disiparse en manos de intérpretes menos capaces. No en vano el film obtuvo dos premios en Venecia (Isvema y el de la crítica), y uno a mejor director en el Festival de Sundance.

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