DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
En el almuerzo un opositor llegó a decir que "el presidente debe tomar Valium". El tema central fue el aumento de efectivos en la frontera y la inmigración. La reunión terminó sin posibilidades de poner en marcha el "bipartidismo".
Durante 75 minutos se vivió un clima de extrema tensión, las voces fuertes se escuchaban a través de las puertas de la amplia y atractiva sala Lyndon B. Johnson.
Un mundo de gente, entre la reforzada guardia de seguridad que custodiaba todo el entorno.
Los más cercanos al encuentro fueron curiosos diputados, periodistas de los más importantes medios estadounidenses, obligados a permanecer en un rincón acordonado y con custodias abundantes.
Más allá, recibiendo la información de segunda mano de algún corresponsal amigo, los representantes de prensa locales de menos influencia y, como ocurre casi habitualmente, los de medios extranjeros, en la zona más alejada.
Todos sin excepción seguían en detalle con especial atención y en silencio lo que se "podía pescar" de las palabras, en general alteradas, que llegaban de la publicitada entrevista del presidente Barack Obama, solicitada por la Casa Blanca, y la generalidad de los senadores republicanos.
Una vez finalizada la acalorada reunión, las oficinas del gobierno difundieron la decisión de enviar 1.200 efectivos del ejército americano para engrosar los 300 miembros ya existentes de la Guardia Nacional en la custodia de la frontera con México.
El ex candidato republicano John McCain apenas salió de la sala fue bien explícito: "Para contener el ingreso de inmigración clandestina, la venta de armas y el narcotráfico, se necesitan 6 mil hombres, lo he pedido reiteradamente. Y, lógicamente, muchos más recursos que los 500 millones de dólares que anunció el presidente Obama".
Era una clara demostración de lo encontradas que habían estado las opiniones y los duros términos empleados entre el primer mandatario y su contendor a la máxima magistratura sólo hace unos meses.
Pero dos frases que dejaron oír senadores republicanos y también el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, evidenciaron el ácido tono y los nulos efectos de la reunión. "Él tiene que tomar un Valium antes de entrar y hablar con los republicanos, está muy delgado de piel", declaró el senador Sam Brownback, republicano de Kansas, en un lenguaje poco acostumbrado en este país para dirigir críticas al presidente. A su vez Gibbs, obligado por el cargo, sólo atinó a expresar ante los periodistas, aunque dejando entrever el clima vivido: "El presidente hizo un alegato a favor del bipartidismo. Obviamente, hubo diferencias continuas".
A su vez Obama, en tono conciliador y alejado de las duras expresiones de sus interlocutores republicanos, só-lo definió el encuentro con pocas palabras: "Fue una discusión buena y franca sobre varios puntos".
¿Qué impulsó al presidente Obama a convocar a los senadores republicanos cuando era seguro un resultado negativo?
En estos días están en la calle de las ciudades estadounidenses grupos de manifestantes inmigrantes exigiendo, a voz en cuello, "la aprobación de una reforma migratoria que normalice la situación de 11 millones de ilegales". Un tema sumamente polémico y que polariza a la ciudadanía estadounidense.
Sin duda, la Casa Blanca, a pocos meses de decisivas elecciones legislativas (nueva cámara de Diputados y un tercio del Senado) que pueden cambiar el actual cuadro mayoritario que favorece a los demócratas, reafirma la promesa de Obama de llevar adelante la polémica ley, aunque no está entre sus prioridades inmediatas.
En tanto, los republicanos afirman que apoyan una iniciativa en ese sentido, pero no en este momento.
"Es un hierro ardiente que nadie quiere tomar en sus manos como bandera en este año 2010", definió una analista política de la NBC, quien recordó que "una economía aún frágil, con alto desempleo, el cambio climático, la ley de regulación financiera (con media aprobación), el plan energético y los recursos económicos que exigen Afganistán e Irak y mantener estímulos a ciertos sectores, ocupan los principales lugares de la agenda de Washington".
Evalúan reforzar el cruce
Los gobiernos de Estados Unidos y México estudian instalar nuevos puestos de aduanas para agilizar el tráfico en la frontera común e interceptar amenazas a la seguridad, informó la embajada estadounidense.
Los puestos permitirán "interceptar las amenazas".
Además, Estados Unidos anunció que dará otro destino a los US$ 310 millones que piensa invertir en el combate a las drogas en la frontera. En vez de usar el dinero en la compra de equipamientos, lo invertirá en un plan para erradicar la corrupción en la policía, tribunales y funcionarios.