DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
José Miguel Insulza (66), asumió su segundo mandato como secretario general de la Organización de Estados Americanos. Durante 20 minutos, el ex ministro de Relaciones Exteriores de Chile historió e hizo una encendida defensa de sus primeros cinco años -2005 hasta ayer- que, según sus palabras, permitieron salvar una decena de crisis institucionales en el continente y actuar como observadores en más de cincuenta procesos electorales.
Insulza recibió la nueva proclamación de la presidenta del Consejo Permanente de la OEA, la embajadora estadounidense Carmen Lomellin y de inmediato hizo un llamado de alerta por los "riesgos que se ciernen sobre la región, la seguridad pública, el narcotráfico, el crimen organizado, el lavado de dinero, la trata de personas (enfatizó en la violencia contra la mujer)".
El secretario general afirmó varias veces la necesidad de "afrontar los problemas del continente en forma conjunta". Y eso se puede materializar, aseguró, "si aceptamos de buena fe tres principios que conforman la base de nuestro entendimiento regional: nuestra Carta Democrática Interamericana, la aceptación plena del principio de no intervención y la convicción de que en la OEA deben tener cabida, por principio, todos sus miembros, que son, de acuerdo a la Carta, los países independientes de las Américas".
Hizo un llamado durante su discurso al "pronto retorno de Honduras al organismo, la suspensión de un estado miembro es un hecho lamentable que significa un traspié de la democracia en nuestro continente".
Nada dijo en este capítulo de sus palabras sobre Cuba (cuando apoyó hace un año su retorno), tampoco a diferentes situaciones que viven miembros de la organización (rompimiento de relaciones entre Venezuela y Colombia, Ecuador y Colombia y los continuos roces con Nicaragua y la reciente decisión del presidente Evo Morales de retirar de sus cargos y encarcelar a tres gobernadores bolivianos electos por el voto popular).
Una frase que pronunció, de inmediato, podría acomodarse a todos los problemas mencionados, aunque salvo a Honduras, no hizo alusión a ningún otro país americano. Dijo: "La OEA debe estar dispuesta siempre a ayudar a corregir los hechos que califica como antidemocráticos" y aludiendo sin duda a los gobiernos de Tegucigalpa y de La Habana, "a promover la rápida vuelta del país infractor".
Más adelante insistió en el mismo punto de vista: "Quiero una OEA con un multilateralismo amplio, moderno e inclusivo, en contra del camino de la sanción, la exclusión y la división que tanto daño nos ha hecho en el pasado, pero también dispuesto a discutir los problemas que puedan plantearse en nuestro común objetivo democrático". Finalizó enumerando otros puntos referidos, en aparente contradicción con el enfoque anterior, que reclama como temas centrales, el apoyo a la gobernabilidad democrática y el respeto al estado de Derecho.