Eso fue lo que rescató el senador Lacalle de la comparecencia al Parlamento -a su pedido- del ministro de Economía Fernando Lorenzo y su equipo, para informar sobre la situación económica.
Lacalle observó que sobre lo que interesaba saber -en dónde estaba parado el país y hacia dónde se proyectará- hubo más silencios que respuestas. Se habló mucho del pasado, del crecimiento de la economía, de la política que llevó a Uruguay a estar preparado para afrontar la crisis global. No era eso lo que importaba. Porque con un criterio casi infantil de réplicas y contra réplicas que no conducen a nada, se le pudo hacer notar al ministro que la izquierda en 2005 recibió el gobierno con una economía en pleno crecimiento y que la coyuntura favorable persistió por todo el período, por lo cual, si se hubiera ahorrado lo que se dilapidó en gasto público, hoy estaríamos mucho mejor. Argumentar con que la mejor política anticíclica fue la mejora del nivel de inversión, suena a un eufemismo, porque lo que en realidad benefició al país se dispersó en gastar más de lo que se podía. Y hoy la tasa de empleo bajó. La "motosierra", que no afecta la política social, volvió a estar sobre el tapete.
Hubieron también saldos positivos en esta instancia legislativa. Se concretó por el descarte racional, por ser innecesario, de tocar reservas para aplicar a gastos de infraestructura, nueva demostración de que el Presidente debe controlar sus raptos voluntaristas que lo dejan desairado. Fue positivo el reconocimiento ministerial de las cifras sobre el sensible crecimiento de la deuda pública, dado a publicidad en plena Semana Santa. Importa lo dicho por el ministro de la firme intención de bajar 2 puntos el IVA. Que se cumpla.