La verdadera descentralización administrativa en el Uruguay se va a gestar a través de Internet", profetizó hace un tiempo alguien allegado a esta casa. Y tiene razón. El gobierno de turno podrá aprobar y aplicar normas legales a los efectos de lograr la anhelada descentralización estatal en un país que adolece de la aguda enfermedad de su macrocefalismo capitalino, pero el resultado que vayan a lograr esas aplicaciones seguramente no tendrá la misma capacidad de respuesta que un correcto y extendido uso de Internet.
Hoy nadie puede discutir la formidable herramienta que significa la red y la utilización cada vez mayor y más ramificada que se le da en el mundo. Las instituciones bancarias promueven el uso de Internet en sus clientes, de manera que las consultas de saldo, transferencias de fondos y hasta pedidos de chequeras, son trámites que ya no se realizan acudiendo al mostrador del banco. Las oficinas públicas también se han percatado de la importancia que la red tiene en la agilización de trámites y hoy otorgan una serie de ventajas para los usuarios que utilicen Internet en lugar de concurrir a los lugares. Debería ser mucho mayor la posibilidad de realizar trámites en este sentido, pero iremos de a poco, como ocurre en casi todos los órdenes en este país. Cuesta asimilar sin enojarse, que para pagar una multa haya que concurrir al satánico edificio de la Intendencia de Montevideo y someterse a una interminable cola. Seguramente ya vendrán -de la mano de Internet- tiempos mejores.
Paralelamente recordemos dichos del actual presidente de la República, en el sentido de que el campo ya no se maneja "a la manera orejana" de antes, sino que requiere de productores rurales capaces de reconvertirse en auténticos empresarios, por pequeña que sea la extensión de su establecimiento. Esos productores, en la medida que los negocios del campo se han diversificado con el manejo cada vez mayor de la agricultura combinada con las haciendas de ganado, requieren de instrumentos que faciliten su tarea administrativa, de manera que eso redunde en la mejor productividad. Y en ese sentido, Internet es una herramienta indispensable ya que le permite, por ejemplo, recibir un contrato, firmarlo y volverlo a enviar, sin que eso signifique tener que concurrir a la ciudad con su lógica pérdida de tiempo; podrá también realizar consultas técnicas desde su propio establecimiento y recibirlas en detalle con la velocidad que le permite la red, así como tantas otras tareas en las que se beneficiará no sólo el productor sino el país.
Ahora bien ¿está Internet funcionando como debería hacerlo en el Interior? La respuesta es afirmativa en un porcentaje considerable del país, sobre todo en las áreas costeras del río de la Plata y el litoral del río Uruguay, pero basta introducirse en el Interior profundo para ver que la formidable e imprescindible herramienta no llega. Y no lo hace porque no hay suficiente cobertura de las antenas dispuestas por las empresas de telefonía celular. Por más que los productores adquieran los MODEM que se ofrecen con capacidades supuestamente cada vez más poderosas, la verdad rigurosa es que muchas zonas rurales del Interior no consiguen la conexión con Internet, o en todo caso la logran apenas unas pocas horas en la semana.
¿Qué debería hacerse? Obviamente la solución es cubrir el país entero con antenas emisoras de señales, pero claro que las empresas privadas que hoy lo hacen (y la propia Ancel) responderán que eso es bastante costoso.
Si el gobierno de Mujica apuesta a tener productores rurales que sean eficientes empresarios, deberá ingeniárselas para proveer a todo el Interior de esa herramienta. Es una apuesta a la verdadera modernidad, como lo es también la descentralización estatal. Al fin y al cabo, hay gastos en el próximo Presupuesto que no se justifican más que por favores sindicales o mera demagogia: una subvención a la colocación de esas antenas y obtener con ello que Internet llegue a todo el Interior de tierra adentro es, en cambio, apostar a un país mejor.