Parte médico

En cualquier país civilizado la salud del Presidente de la República es tema de primer orden que debe ser tratado con el mayor de los cuidados. Sobran ejemplos de la seriedad con que suelen encararse los problemas de salud que afecten a un gobernante puesto que, por razones obvias, pasan a convertirse en asuntos de Estado. Estos conceptos de uso corriente en el mundo parecen ignorarse en nuestro país en donde las versiones sobre el estado salud de Mujica se manejan con ligereza y de forma más bien casera.

El propio interesado reconoce estar "medio pasado de cambio y síntomas de estrés fuerte".

Desde su entorno dicen que está muy acelerado, que debe alimentarse mejor y descansar más. Incluso desde su equipo de gobierno, el canciller Almagro arriesga una opinión clínica al decir que él estima que en una semana Mujica se recuperará. Así no se hacen las cosas en esta materia. Para empezar, todo ese tipo de diagnósticos personales y poco fundados merecen ser avalados por un detallado parte médico elaborado por profesionales.

De no hacerlo así lo que se ganará será dar pábulo a los rumores y a datos errados, máxime en el caso de un presidente como Mujica que registró en un pasado cercano una enfermedad inmunológica que requirió su internación y un tratamiento estricto. Saber que el presidente está en buenas condiciones físicas y en pleno uso de sus facultades para desarrollar la pesada responsabilidad que se echó sobre los hombros, no puede ser motivo de improvisaciones, ni de opiniones lanzadas al boleo.

Y más aun en el caso de un presidente recién electo, con fuerte liderazgo en el partido de gobierno, a quien aguardan casi cinco años de exigente actividad.

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