A. LALUZ
Se llama Gerardo Dorado, pero desde siempre, desde la murga, La Peñarola, la Falta y Resto, Los Fatales, fue y es "El Alemán": un montevideano pero con porte y altura de "gringo".
La voz firme, potente, "bien de acá", entrenada en tablados y bailes tropicales, Gerardo se arrimó y se animó hace varios años a otros territorios de la canción popular, tentando los caminos de las mezclas, los encuentros y hasta opciones estilísticas.
A estas experiencias, en las que arriesgó y acertó a encarar como solista, llegó por invitación de Federico Marinari, de Montevideo Music Group, tal como lo relató a El País. Y su incorporación a esta movida de cantores y compositores de estirpe murguera (Pitufo Lombardo, Pinocho Routin, Alejandro Balbis, entre otros), se dio muy fluidamente. Su inquietudes por experimentar con este encuentro entre la murga y otros tipos estilísticos populares, tenían larga data. Y, quizás, se puedan rastrear hasta sus juveniles comienzos en una murga del barrio Sayago, y la opción por dejar otra pasión: el fútbol.
Meses atrás, El Alemán ya no es un apodo, casi inevitablemente convertido en marca artística, ya tiene una credencial de presentación: Sistema, su primer disco como solista, que esta noche presentará con su banda y junto a varios músicos invitados en la Sala Zitarrosa, a las 21 horas. Un material que, explicó a El País, deja "como varias puertas abiertas", una apuesta a tentar varios caminos en materia de letras y de músicas.
El riesgo fue asumido: las mezclas por sí mismas, como único valor, complaciente en la experiencia de laboratorio. El resultado, sin embargo, fue por otro camino: una búsqueda personal, con carácter, y que va más allá de la mera contemplación (casi turística) del encuentro murguero con el rock, sonidos de raíces tropicales, algo de electrónica, aires de candombe.
Al fin y al cabo, un descubrimiento: Sistema.
Una vez en la calle, el disco le quemaba en las manos. Había que salir a presentarlo, chequear la recepción de la gente, de sus colegas. Fue así en los conciertos multitudinarios (arriba del escenario y abajo, en las plateas) de la MPU. Y esta noche será en la presentación formal en sociedad.
"Me dicen El Alemán, o el Alemancito, desde chiquito, porque mi segundo apellido es Dietrich. Y, de alguna manera, también por mi tío abuelo (a mi abuelo no lo conocí), con quien pasaba mucho tiempo, desde que tenía dos años, que me hablaba en alemán. Después, cuando me largué a jugar al fútbol, que es mi otro amor, y ahí me empezaron a decir `el alemancito`, ahí en el barrio Peñarol". Así fueron los primeros capítulos vitales de este joven que ahora ya está cerca de los treinta años. Pero después de aquellas primeras experiencias futboleras, llegó otro amor: la murga. "Primero, en el barrio, con Tiranos Temblad, y después con La Peñarola". El siguiente salto fue a Falta y Resto, un lugar donde se parapetó con las armas profesionales en el Carnaval. Y, poco tiempo después, a Los Fatales, con Fata Delgado. Un cambio radical, aunque "rendidor" en materia de descubrir otras formas de hacer música, y que, hoy, como solista, juegan en esta exploración estilística de Sistema.