4 de mayo, feriado

ALEJANDRO NOGUEIRA

Este año, o el próximo, el Parlamento deberá votar un nuevo feriado, preferentemente no laborable: 4 de mayo, Día de la Dependencia Regional.

El presunto realismo político del gobierno de José Mujica, que ha reconocido con un explicoteo casi sexual, y con rebuscado estilo, nuestra dependencia de Argentina y de Brasil, con el voto, o aquiescencia, o beneplácito, o visa, o abstentium permission, el "apoyo al conshensho" a la designación de Néstor Kirchner a la secretaría general de la Unasur, y con la mimosa pleitesía al gobierno de Lula Da Silva -que mañana podrá ser de José Serra- del que nos agarramos del estribo norteño y le damos la derecha en la soberanía del puerto de aguas profundas, nos colocan como el pariente pobre y bueno que depende de los mayores para crecer y terminar con la pobreza y la indigencia; objetivo inatacable. Y si nuestros mayores responden con indiferencia, pagarán el "costo político" de ser malos con nuestro sufrido y bicho presidente, que pone en juego su capital político por el bienestar nacional y el del país que lo sobrevivirá.

Los argumentos de la imposibilidad geográfica de cambiar de barrio, de escribir otra historia distinta al destino burilado en tiempos coloniales, se suman a una incontenible vocación de integración mercosuriana y sudamericana del actual gobierno que arroja a un personaje como Kirchner como mejor emergente.

Brasil, hábil como siempre -éste de Lula o de Henrique Cardoso o de quien sea-, pone a Kirchner al frente de este incierto boñato integrador en el que conviven Uribe y Chávez, Piñera y Alan García, y está dispuesto a pagarle sus emolumentos, poniendo una nueva piedra en este organismo dedicado a la vocación norteña de liderazgo suramericano. El costo del sueldo del nuevo secretario general de la Unasur y la burocracia que inmediatamente se generará en su entorno, representan chirolas comparado con el logro coyuntural y la victoria pírrica de este liderazgo regional justicialista y piquetero bendecido por Lula y endeudado.

Pero, volviendo a la política exterior de Mujica, -programática y anunciada-, es comprensible que a partir de la premisa de la conveniencia ideológica de revivir al fallecido Mercosur y la integración bolivariana -estropeada una y otra vez por toda suerte de populismo-, las decisiones del mandatario del 4 de mayo son coherentes y requieren compresión, una tolerancia benevolente.

Sin embargo, es bueno recordar, que había (hay) un camino alternativo, de diversificación de mercados, de TLC con diferentes países, de vocación atlántica, de independencia a la intemperie, de dignidad institucional y legal, de construcción de un país bajo otros paradigmas (Chile, Irlanda, Nueva Zelanda, Singapur) que se menean por pura demagogia, cuando el camino elegido es chapotear en las inciertas realidades latinoamericanas, instaladas en una adolescencia diferida; ahogados en un pragmatismo resignado, porque hay que atender al frente interno, al corporativismo sindical, a los derechos adquiridos de los empleados públicos, y a las ideologías faisandé, pero milagrosamente vivas, antes que al progreso. Espero que el feriado del 4 de mayo sea no laborable, también para los privados.

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